A Marte


A ratos me dan ganas de largarme. Largarme lejos. Agarrar el mundo con las dos manos por el ecuador —más o menos, donde los humanos tendríamos las caderas— y decirle: «Mira, no eres tú, soy yo. Necesito espacio». Literalmente. Y marcharme. Hasta el infinito y más allá. Luego veo los precios de los vuelos interespaciales y deshago la maleta.

Dice mi horóscopo que estoy regida por Venus. Va a ser eso. Que prefiero regente conocido a estos en campaña y rabia permanente por conocer. Pero, total, el horóscopo no tiene credibilidad ninguna. De tenerla, la definición de alguno sería: «Es un perfecto imbécil». Y ya sabemos que no. Que somos todos estupendos. Un dispendio de virtudes.

A lo más que se atreve el mío, siendo como soy, súbdita del planeta del amor, es a tildarme de ‘independiente hasta la autosuficiencia’ —más chula que un ocho, lo llamaría yo—. ‘Amor a la libertad’ —se habla mucho y mal de libertad últimamente—. Igual antes de tachar el ‘para un crucero por el Caribe (para uno)’ del postit de mi cerdito por un ‘a Marte’, tendría que descargarme el Tender y probar suerte. Es como el Tinder de mis amigas, pero en vez de ligar con un churri de Valdebebas, tienes cibercitas con extraterrestres y a la mierda esa parte del horóscopo que insiste en que «mi pareja ideal tiene que ser alguien con los pies bien puestos en la tierra para equilibrar mi naturaleza descarriada».

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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