Aedes Albopictus


Tardé lo que duró el trayecto del aeropuerto de Ibiza a la casa de la buena amiga autóctona que me acoge en lanzarme a la piscina.

Ella debía estar diciendo alguna de esas frases de amiga, del tipo ponte cómoda, instálate o preguntar qué me apetece hacer, enunciando esa larga lista de placeres que la isla ofrece, mientras yo, en mi cuarto al fondo de invitada iba dejando un reguero de ropa con el ímpetu de quien va a vivir una noche de pasión, mientras de la maleta de par en par, explotaban piezas de bikini en las que, entre nosotros, no estaba muy convencida de que pudiera volver a entrar.

Dos años en el armario. Desde aquella vida prepandemia. ¡Nadar! Este cuerpo lechoso y mustio necesitaba nadar. Me entregué a hacer largos en la piscina que, de no ser por la forma y el estilo, pero sobre todo por el tipo, bien pareciera una olímpica en Tokyo 2020 en vez de una escritora fondona.

Me palpé antes de salir del agua para asegurarme de que no había perdido el bikini en alguna pirueta y me tumbé, blanca panza arriba, en esa parcela del paraíso que dibujaban el verde menta del césped y las palmeras agitando el cerúleo claro del cielo. Ahí me picó el primer mosquito, pero no andaba yo para despistes. Qué felicidad.

Seguir leyendo en Diario de Ibiza

 


 

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

otro Post Data, el blog de Pilar Ruiz Costa


Antes de suscribirte es importante que conozcas nuestra POLÍTICA DE PRIVACIDAD

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.