Al pasar la barca


Llegar a casa con el flequillo pegado en sudor ya era una prueba de cómo te lo habías pasado en el colegio. Y es que, aparte del rollo aquel de las matemáticas, de tener que esquivar alguna bofetada del cura, que ‘algo habrás hecho’, te espetaban en casa, así que no te quejabas más para no recibir dos, el colegio era el lugar de juegos. Para empezar, a clase ibas caminando, o pedaleando a toda velocidad, como si fueras Elliot a punto de despegar del suelo, lo que, en lugar de llevar a ET envuelto en una toalla, en la cesta los deberes compartían espacio con un bocadillo de mortadela con aceitunas envuelto en papel de plata (que sonaba mucho más guay que ‘de aluminio’, dónde vamos a parar) y el uniforme de balonmano (siempre azul), o el maillot (siempre negro) si tocaba gimnasia rítmica.

Seguir leyendo en Diario de Ibiza

 

 


Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

otro Post Data, el blog de Pilar Ruiz Costa


Antes de suscribirte es importante que conozcas nuestra POLÍTICA DE PRIVACIDAD

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.