Alegato a la paciencia


Antes de que mi ex fuera mi ex, es decir, antes de que nos dejáramos oficialmente, hicimos lo que procedía, que es dejarnos muchas veces. Bueno, tampoco voy a quitarle mérito en el asunto: más bien me dejaba él. Me dejaba, volvía, volvía a dejarme, volvía a volver… hasta que mucho antes que el amor, lo que se agotó fue la paciencia. Pero otro de los grandes méritos que es de justicia reconocerle era que, tras romper —una y otra vez— la relación, venía con ahínco y planes a tratar de recomponerla. Uno de los más ingeniosos fue el de hacer terapia de pareja. Así que, como si fuéramos personajes de una peli cualquiera de Woody Allen, allá que íbamos, como vivíamos: por separado. Yo enfurruñada, que no tenía tiempo para gilipolleces y él, enfadado con el mundo, y sobre todo, conmigo. Del otro lado de la mesa, el psicólogo se iba empujando cigarrillos y se reía sin disimulo de ese par de imbéciles, versado como estaba en nicotina y parejas de futuros ex.

Ya he hecho espóiler del final de aquella historia, así que no, la que traigo aquí no es esa exactamente, sino a la que, apuesto, Woody Allen dedicaría más metraje: la de mi sufrimiento.

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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