Cerrado por derribo


He viajado unos días a Mallorca por una burocracia inaplazable, que si no, no me habría movido. Hay que mantener en equilibrio el universo y su yin yan y me toca ser prudente para compensar a algún cafre de esos que andan moviéndose en zigzag, como si nada de esto estuviera pasando.

Me he marchado, además, comprimiéndolo todo lo que he podido para asegurarme estar de vuelta en la capital antes del cierre perimetral, no fuera a ser que no me reconocieran —entre la mascarilla y la crisis, que anda una cada vez más flaca— y me dejaran fuera. Como Viktor Navorski, en ‘La Terminal’ — el personaje de Tom Hanks —, en tierra de nadie. Los habitantes de Krakozhia en Nueva York y los ibicencos empadronados en Mallorca con residencia en Madrid tenemos mucho más en común de lo que parece a simple vista y no nos conviene llamar la atención cuando se perpetran golpes de estado ni cuando estos estados son de alarma. En ambos casos, la mejor estrategia es la de las zarigüeyas, ¿las han visto alguna vez hacerse las muertas? Se quedan quietas, con las patitas para arriba, la cabeza de medio lado y la lengua colgando, dejando como meros aspirantes a los oscars a los cocodrilos y sus burdas lágrimas de cocodrilo.

Porque si algo compartimos los habitantes de Krakozhia, los ibicencos en Madrid y las zarigüeyas es que los predadores pierden rápidamente el interés por nuestras mollas cuando ya no nos mostramos criaturas productivas, recaudables o, cuanto menos, vivas.

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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