Cuatrocientos metros


El 22 de junio de 1688 Johannes Hofer, un joven estudiante de la Facultad de Medicina de la universidad de Basilea presentó, con apenas 19 años, una tesis titulada ‘Dissertatio medica de nostalgia oder Heimweh’. El objeto de estudio era una enfermedad que todavía no existía o, mejor dicho, aún no tenía nombre: la nostalgia.

Trataba de definir esos ‘delirios melancólicos’ que padecían muchos de los soldados suizos enviados a tierras extranjeras y que sanaban con una curiosa prescripción: un breve viaje a casa. Para ello unió dos vocablos griegos: nostos; regreso y algos; dolor. Expresaba no solo esa pena por lo dejado atrás, sino esa paz de sentirse al fin en casa.

Reconozco cada síntoma al salir del metro que me trae de vuelta tras unos pocos pero intensos días fuera. Apenas me restan los cuatrocientos metros que separan esta estación en mitad de una plaza de lo que ahora es mi casa. Fue al salir de la boca de metro, cuando descubrí la lluvia. Cuatrocientos metros son suficientes para que me moje la lluvia sin llegar al desastre. No es la primera vez que me pasa. Que el invierno o el verano llega de repente mientras he estado ausente. Y me gusta la lluvia tras tantos días de sol lo mismo que el sol tras muchos días de lluvia.

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Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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