El armario


Cuentan los decoradores de pro la importancia del vestíbulo de una casa para definir la personalidad de quienes la habitan. En el mío hay un gran armario de madera maciza, lacado en blanco, con dos puertas con molduras. Lo rodean tesoros traídos de viajes, vaya que sí, pero en la entrada, lo que nos recibe, majestuoso, es un armario que, solo los más allegados saben que oculta herramientas. Herramientas. Perfectamente ordenadas en cajas de distintos tamaños. Tan impolutas que podrías comer de ellas, no porque no se utilicen, caramba, sino porque crecí imbuida en el respeto de lo que son capaces esas humildes piezas cuando topan con las manos adecuadas.

Mi padre, en cambio, tenía aquel espacio que le definía fuera de nuestra gran casa. Había que atravesarla por completo, y el huerto de tomates y patatas para llegar a lo que se construyó como cuadra, pero solo alguna vez albergó conejos, en un lado. En el otro, aquel reducto de mi padre que debiera lucir orgulloso el MoMA en su propio vestíbulo. Protegido por una puerta azul bajo llave, cuando se te acostumbraba la vista a aquella penumbra descubrías que albergaba una larga mesa de trabajo terminada en un tornillo de banco de hierro fundido. En vertical, la pared de arriba abajo y de lado a lado era un collage de herramientas de mano con un orden que solo mi padre entendía, con la silueta dibujada para marcar el camino de vuelta de cada pieza, pero que en cuanto faltaban algunas, recordaba la escena de un crimen. Y era un crimen que alguien, salvo él, tocara cualquiera de aquellos alicates y te reprochaba a los gritos que ya ibas a estropear algo, o perderlo, parece mentira, tocando sus cosas. Tan pudoroso de aquel mundo solo suyo que, cuando de niña, me descubría escondida tras algún muro, observando maravillada el ritual quirúrgico de hundir clavos perfectamente simétricos, de aserrar o las chispas azules al soldar, me echaba de un rugido.

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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