El hombre 1, la vida 0


Una de las cosas que me chocaron al llegar a República Dominicana fue la ausencia de ventanas, puertas, tejados sólidos, hasta paredes completas, en muchos edificios. No hablo de cabañas dispersas entre manglares, no. Hablo desde el aeropuerto cubierto de palmas hasta el colegio de mis hijos, donde las cabras y los conejos se colaban por las aulas y había que echarlos de un grito.

Lo atribuí al clima, pero me equivoqué completamente al achacarlo al ‘buen clima’. Era precisamente la temporada de ciclones los que convertían en inútil la tarea de construir y reconstruir lo que la naturaleza se llevaba en cuanto llegaba septiembre. Era absurdo dedicar más tiempo a la construcción de un tejado del que se disfrutaría. Un pulso hombre-naturaleza que, durante casi todo el año, parecía ganar el hombre, pero que en cuanto se le antojaba a la naturaleza, arrasaba sin contemplaciones. Ni que decir tiene que el paisaje al principio, era desolador. Pero la vida se abría paso y en nada, el verde, brutal, se volvía a apoderar de todo.

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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