El rey irresponsable


Hace mucho tiempo, en unas tierras no tan distintas a estas nuestras, cuentan que hubo un rey que, a saber si al principio quería serlo, que apenas era un niño cuando otros decidieron por él, pero enseguida se sintió suelto.

El cacique que allí gobernaba no dejaba descendiente varón y se encaprichó del muchacho al que formó para que lo relevara tras su fallecimiento, continuando así su legado. Pero antes le procuró una reina sensata, que el joven era ya entonces un rey de corazones y ya saben lo que dicen los románticos: ‘donde tengas la olla, no metas la corolla’. Así, lo bien desposaron y juntos tuvieron la descendencia suficiente para perpetuar la dinastía y, todo hay que decirlo, quedaban monísimos en los posados al óleo de verano.

Y érase que se era, en los manuales de reinado, lo mismito que antes Pilates, figuraba que el rey se lavaba las manos. Allí, en la Carta Magna, detallaba la más bella caligrafía que era y sería: «Inviolable e irresponsable». ¿«Inviolable e irresponsable»? Debió preguntar algún súbdito, pero los demás rápidamente le callaron: «¡Que os van a oír! ¡Habláis de un rey!». Y así, súbito los súbditos, aprendieron que el precio de tener un rey incluía el silencio ¡Qué sabrían los plebeyos de las cosas de palacio!

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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