cosas de familia


Una ibicenca fuera de Ibiza, Pilar Ruiz Costa
Con la primavera llega el cambio de armario y también la apertura de ventanas más allá de los diez segundos invernales contados muy deprisa. Lo justito para que la casa se ventile. Pero ahora, abro la ventana que da a la fachada y las interiores que dan a uno de los patios de luces de este laberíntico edificio para crear una serpenteante corriente alterna que dura lo que tardo en recordar que […]

El sonido de la adolescencia


Una ibicenca fuera de Ibiza, Pilar Ruiz Costa
Mi padre nos llevó una vez de viaje a mi hermano mayor y a mí (teníamos cuatro y tres años), mientras quedaban en casa con mi madre los pequeños (uno de un año y el otro con apenas unos meses). Lo que debió insistir aquella inmensa y para mí desconocida familia en Murcia para que llevara aunque fuera alguna muestra de sus hijos. Como para comprobar que éramos ciertos. Fue la única […]

Los días grises



Una ibicenca fuera de Ibiza, Pilar Ruiz Costa
Soy una de esas señoras que se mete en la piscina bajando por la escalera peldaño a peldaño. La más digna opción, quizá, pero también la peor porque una comprueba desde la punta del pie lo fría que está el agua y a sabiendas, sigue. Mar adentro. En cambio, los que se tiran de cabeza no experimentan tal sufrimiento. Zas. La misma estrategia de arrancarse una tirita: todo el cuerpo en remojo. […]

Tirarse de cabeza


Una ibicenca fuera de Ibiza, Pilar Ruiz Costa
Anoche, de sobremesa con dos tercios de los muchos hijos que tengo, mi hija, la mayor, como quien no quiere la cosa, me contaba que mi hijo, el pequeño, se va a tatuar. Y me emocioné. ¿Qué puedo decir en mi defensa? No lo esperaba. Y traté de disimular. Pero ellos, que me conocen como si fueran hijos míos, empezaron a mirarme anunciándose el uno al otro —y el otro al uno—, […]

Vínculos



Una ibicenca fuera de Ibiza, Pilar Ruiz Costa
El verano quedaba inaugurado cuando nuestra madre nos enviaba con un billete a comprarnos las sandalias de goma. Cangrejeras las llaman ahora. O sandalias de río. Para nosotros eran sandalias, porque la otra opción, si las sandalias eran buenas -de piel-, se llamaban zapatos. Raudos y veloces pedaleábamos por última vez con las zapatillas -que llamábamos bambas- que habían sido nuestro calzado oficial todo el invierno, antes de que se agotara nuestro […]

Las sandalias de goma


Una ibicenca fuera de Ibiza, Pilar Ruiz Costa
He pasado una semana sin móvil. Supongo que era ya viejo para ser móvil. Conozco la esperanza de vida de un gato, de un perro, pero ¿de un móvil? Debe rondar el período de garantía y un día más. Una semana sin móvil. Imaginen a mis amigos preocupados por la ‘desconexión’: “Pero, ¿no tienes otro de recambio?”, “¡Te presto uno!”, “¿De verdad vas a estar sin móvil?”. Problemas del primer mundo, qué […]

La memoria para qué



  Muchos días sin escribir. Lo sé, lo sé… que no me riña nadie. Para quien le sirva de consuelo: no me he muerto aunque, “pa’matarme”, lo que se dice… “pa’matarme” si he estado en alguna ocasión. Es lo que tiene ser torpe y curiosa; curiosa y torpe. Me explico; total… si seguro que acabo en más de una ocasión en vídeos de primera. Ay, qué lástima de este cuerpo tan maltratado… […]

el Ave Fénix y los fameliars


  Space Ibiza Nunca he pretendido ser una madre molona. Molo, supongo, en el sentido de que vivo envuelta en cosas que me molan y eso, se contagia. Ojo, que también se contagia vivir rodeado de miseria. Total, que de todos modos, cuando mi hijo el emigrante regresó con 18 primaveras en el cuerpo y me dijo “ey –con su voz grave- que ya tengo dieciocho, ahora tendrás que llevarme al Space” […]

spacing in Space



  Soy una ibicenca, pero no como otras que hayas podido conocer; ibicencas en Ibiza. No. Yo soy una ibicenca del mundo ¡me encanta presentarme así! Pero aunque nunca he sido capaz de verme como uno de esos de mis muchos paisanos que echan raíces para no moverse jamás, la verdad es que la isla tiene como un resorte, como un muelle que te trae de vuelta no importa el impulso que […]

una ibicenca en Ibiza


  Decía mi madre que “madre” era la palabra más bonita del mundo, pero claro, no era objetiva y yo, que ya era cabezona desde mis inicios le decía “pues depende, ¿hablamos del significado o del sonido de la palabra?” Y en cualquiera de los casos, yo tenía otras varias palabras favoritas. También decía mi madre que “fíjate, que si a la palabra más bonita del mundo que es ‘madre’, le añades […]

para mi madre (y para la tuya)