Una muñeca


Descansan a mi lado una decena de postales de Navidad, bien gorditas (suelo colocarles besos), que mañana llevaré al buzón desde el otro lado del mundo.

A cambio, quizá, recibiré una. Seguro también un par de llamadas con remordimientos cuando algún destinatario, un año más, reciba su cartulina impregnada de purpurina y grandes deseos, disculpándose porque, un año más, el tiempo se le echó encima y no tuvo tiempo de corresponderme —¿existirá algún ejemplo mejor para el verbo que la correspondencia?— ¡y yo les juro que me da lo mismo! Que escribo por el placer de escribir. Que escribo porque siempre, estando de viaje allá o aquí, o porque al caer los últimos granos del reloj de arena del año, siempre hay alguien a quien necesito escribir.

No siempre son los mismos, no vayan a pensar. Algunos sí: mis hijos. Mis personas favoritas en el mundo sin importar el tiempo que haga que se tiñen o se afeitan. Pero el resto de receptores funcionan por una serie de variables que aún no he logrado descifrar. Ellos tampoco y no veo que me lo tengan en cuenta, ni cuando la moneda cae del lado de un sobre en el buzón que no es una oferta de canapé y colchón ni de la urgencia de comprar piso en la zona pago al contado, ni cuando no. Creo que es porque somos amigos de verdad, pero vaya uno a saber…

Seguir leyendo en Diario de Ibiza

 


 

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

otro Post Data, el blog de Pilar Ruiz Costa


Antes de suscribirte es importante que conozcas nuestra POLÍTICA DE PRIVACIDAD

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.