Vínculos


Anoche, de sobremesa con dos tercios de los muchos hijos que tengo, mi hija, la mayor, como quien no quiere la cosa, me contaba que mi hijo, el pequeño, se va a tatuar. Y me emocioné. ¿Qué puedo decir en mi defensa? No lo esperaba. Y traté de disimular. Pero ellos, que me conocen como si fueran hijos míos, empezaron a mirarme anunciándose el uno al otro —y el otro al uno—, que ya iba a ponerme a llorar.

Y fue decirlo y ahí estaba: llorando. Por su culpa. Por presionar. Lo mismo que cuando me hacen reír y siguen y siguen solo porque digo basta ya. Y ella empezó con su batería de preguntas. Y hasta de respuestas. Que cómo podía ser que me dieran igual todos los tatuajes de ella y me pusiera a llorar por uno de él. Que no puedo asumir que mi hijo pequeño ya no es pequeño. Y a mí, que apenas me daba para responder, ahogada en llanto, que sí o que no.

Y no sé por qué lloraba. Es decir, por supuesto que lo sabemos. Siempre. Pero a veces necesitamos de un espacio para ponerle palabras a las cosas que sabemos pero aún no sabemos pronunciar.

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https://www.diariodeibiza.es/opinion/2021/10/02/vinculos-57910917.html

 


 

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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