Ya nadie escribe postales


Acabo de escribir una postal a mi hijo que anda por alguno de esos lugares donde no se pueden recibir postales. Así que no se la envío. Pero le escribo. No puedo no hacerlo. La guardo, aquí, junto a las demás. Ya van tres Navidades y otros tantos cumpleaños.

También otras escritas en alguna pausa en un café viajando por el mundo que me reenvío a esta casa en Madrid. Las guardo junto a las bolas de nieve que una vez me pidió de niño y aún le sigo comprando. Y no, no soy de comprar cosas en absoluto. Menos aún si voy de viaje, porque voy precisamente a eso: a viajar y en esta mínima maleta cabe lo que voy a necesitar durante meses, sea en el más sofocante calor o en el más gélido invierno. Poco más. Me gusta viajar, como vivir: ligero.

Eran muy pequeños cuando les conté por primera vez que iba a India y me pidieron que les trajera un juguete. La primera vez que les conté, quizá, que hay lugares donde los niños no tienen juguetes, ni zapatos, que es peor, porque jugar, juegas con cualquier cosa: construyen cometas, cachivaches que juntan hasta lograr que hagan ruido, pero ir descalzo es ir descalzo.

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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