Bernat, alguien te ama


alguien te ama

Tengo un coche negro y además, con los cristales tintados así que, oscuro de narices. El polen de primavera, el polvo del camino de las playas en verano o, las lluvias de barro repartidas a lo largo del año, lo convierten en un candidato perfecto a pizarra donde expresar sus emociones los viandantes creativos.

Existen tres tipos de grafiteros (o artistas del graffiti):

Los que se dedican a plasmar su firma por donde pueden (no es un sistema muy diferente al usado por los perros por árboles y farolas). Son los Pakosky 82 que leemos por los puentes de las carreteras y estaciones de trenes.
Los, llamémosles… artistas, que crean un dibujo, una imagen dónde antes no había nada. Esos son más caros de ver, pero producen los fantásticos retratos que los Pakosky 82 acaban estropeando.
Y por último, los que expresan una opinión o un sentimiento. En este grupo podemos englobar a los simpatizantes políticos, a los rebeldes inconformistas y personajes varios.

Algunos de los pertenecientes a este último grupo (aunque ellos quizá no lo sepan), son los que visitan mi coche.

Como ya he comentado al comienzo de este blog, la chapa de mi coche oscura y casi permanentemente manchada pide un merecido «lávalo guarro», pero no. En su lugar obtiene muestras de amor por diferentes fuentes.

Haciendo historia, la primera se remonta a Uri, hace un par de años. Yo debía andar entretenida, quizá hablando por el móvil y él, algo adelantado en el paseo, llegó antes al vehículo y al alcanzarle le pillé dibujando un corazón en todo el techo amarillito de polen (él es alto y puede). Le detuve con un berrido:

– Pero, ¿Qué haces? ¿Tú no eres alérgico?!
Le sobresalté de tal manera que no solo interrumpí bruscamente su labor sino que sus tímidas gafas salieron disparadas dibujando círculos en el aire; un giro, otro, y luego otro hasta acabar cual bumerán regresando al sitio exacto del que procedían, cayendo apoyadas en el puente de una nariz ligeramente torcida a la izquierda por un brutal impacto en un partido de rugby tiempo atrás (pero esa es otra historia).
– Sí pero… a los ácaros.
Balbuceó el muchacho mientras se limpiaba el polen de la punta del dedo en el pantalón dándome un nuevo motivo para regañarle.
Ése fue, si la memoria no me traiciona, el primer corazón de mi coche. Le siguieron otros. Alguna vez ponían algo del tipo «mamá guapa» con lo que se delataba el autor; otros no ponían nada o, a veces, iniciales desconocidas y, fueran las que fueran, me hacían sonreír. ¡Me gustan los corazones!

Pero, hace unas semanas apareció un corazón en la luna trasera. Venía acompañado de un texto: «Te amo, Bernat».

El mensaje, sin duda, daba lugar a diferentes lecturas. La más probable es que alguien ame a un tal Bernat, pero claro ¡yo soy de letras! Y además muy graciosa, así que hay que reconocer empleando el rigor científico que también pudiera significar que me ame un tal Bernat.
Repasando en mi memoria la lista de Bernats… de nuevo con el rigor científico en la mano, me rindo y me declino por la primera opción.
Días después, una nueva muestra de amor: apareció otra pintada repetida y después, entre lluvias y barrizales, otras. Ayer el coche tenía muestras de amor a Bernat en la luna trasera, en los laterales y hasta en el capó ¡por ahí anda alguien con un dedo sucísimo!

Empiezo a sospechar que:

1- Hay un Bernat con un coche como el mío y alguien le ama.

2- Hay un Bernat viviendo en la manzana en la que aparco el coche y alguien le ama.

3- Hay una enamorada de un tal Bernat viviendo en la manzana en la que aparco el coche y no se atreve a decírselo. O sí, y se lo dice de todos modos.
4- Es Uri que ha vuelto, pero como le asusté mogollón con mi bronca, usa un seudónimo.
Mi coche es el perfecto candidato porque, como ya he comentado ¡es una pizarra fantástica! Y porque además, hablo en nombre de mi coche y en el mío propio cuando declaro que estamos orgullosos del gran uso que se le está dando pero, ¿lo sabrá Bernat?

¿Estará al tanto del amor que le tienen? Por favor, el primero que lo vea que se lo comente. Es urgente o al menos, parece importante: BERNAT, ALGUIEN TE AMA

Sea cual sea la conclusión… ¡la prueba irrefutable! Es que el amor está en el aire y un poquitito de ese amor, me salpica. Quién sabe. Estaré atenta por si un día de estos me da de pleno en la cara.

 


Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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