De cómo lograr que te miren aunque las otras sean más altas y más guapas


tacones muy altos pasarela modelos

Pues aunque tarde, aquí va mi explicación de «cómo lograr que te miren aunque las otras sean más altas y más guapas» o, lo que es lo mismo… cómo caerte y tratar de mantener el tipo.

Los días previos a la Edición Balear de la Pasarela Jóvenes Diseñadores iban como corresponden: trabajando a tope desde el amanecer y hasta la madrugada. Coordinando espacios, reservas, invitaciones, ruedas de prensa, entrevistas y ese largo etcétera que aunque proteste de tanto en tanto, ME ENCANTA.

Pero conlleva dormir horas a pares durante varios días de modo que, cuando llegó el día H (dígase 10 de enero) y corriendo de arriba a abajo, me caí en el ensayo por las escaleras de Pacha Ibiza… algo se estaba cociendo.

En aquella caída delante del cuerpo de baile que nos amenizaba la pausa de deliberaciones posterior al desfile, hice lo que tenía que hacer; levantarme de un brinco y decir «no pasa nada. Todo va bien» cuando venían a socorrerme y a recoger mis restos de la pista de baile. Por favor, que tengo dignidad y estaba viendo las filigranas que esos hombres y mujeres son capaces de hacer de puntillas, ¡cómo iba yo a no saber ni caminar! Y no le di más importancia. Pasaron rápidas y comprimidas las horas, corriendo de un lado a otro; retrasos aquí, cambios allí, corre ve y avisa, anda corriendo a buscar… y así llegó, sin apenas darnos cuenta, el momento del inicio de la Pasarela.

Como ya veía venir que no me iba a dar tiempo ni de ir a ducharme, envié a África a que se pasara por agua y jabón ella (al menos una de las dos que oliera bien) y de paso, que me trajera mi súper vestido hasta los pies y los tacones de aguja a conjunto. Iría sucia, pero elegante.

Y así… es como se pasa, víctima del agotamiento físico, de los tacones a los taconazos.
Empezaron a llegar los VIPS, las autoridades, la prensa, las modelos ya estaban listas para salir, nervios de las diseñadoras en los camerinos, más VIPS, me faltaban dos miembros del jurado, todas las cámaras colocadas, las modelos empezaban a tener frío tan ligeras de ropa detrás del telón, ¡me faltaban dos jurados…!
Los localizo y se me despistan otros que andan saludando conocidos, corro a buscarlos, les explico individualmente a cada uno los pormenores de las votaciones y del desfile, se me levantan otros por otro lado ¡por favor, qué se nos van a constipar las niñas!
Y para colmo, en esta discoteca tan fashion que serpentea y se ubica entre niveles, tenemos los miembros (del jurado) esparcidos por toda la geografía de la sala y debo subir y bajar escaleras tratando de contenerlos en sus puestos. Logro sentar a los despistados y se me levantan otros, ¡por favor, qué así no empezaremos nunca!

Y cuando por fin, por fin, siento a los últimos y compruebo satisfecha que todos parecen pegados con velcro a sus asientos y todas las cámaras tienen sus pilotitos encendidos y las modelos sonríen porque por fin, pueden desfilar, entonces ¡zas! Me lanzo por las escaleras.

Sí, exactamente aquellas en que «ensayé mi caída» durante el ensayo por la tarde y claro, los miembros se levantan (insisto, los del jurado) a socorrerme y yo casi grito «¡No, no se levanten!» Y añado: «yo puedo» hasta que tras un amago y un crujido en el tobillo rectifico: «no, no puedo» y mis muy queridos miembros me izan.


Ahí hago un nuevo acopio de dignidad y cruzo con todo el glamour que puedo la pasarela (eso sí, a lo ancho) y me siento y ya no fui capaz de volver a levantarme.

Terminó el desfile y Rebeca Ramis, nuestra diseñadora ibicenca fue la favorita del jurado. Me llevan en brazos al Hotel Pacha donde Paco Navarro (reconocido fotógrafo) me pasa las imágenes del desfile para preparar la nota de prensa que puntualmente envío el domingo a los medios.

El responsable del 112 me pregunta si quiero que llame una ambulancia y yo le pido si sería posible, si no es mucha molestia, que sea un camión de bomberos (me gusta más ese uniforme, puestos a pedir).

Al final ni lo uno ni lo otro y mi querida prima Pi y Natalia son las ganadoras del premio de llevarme sobre sus hombros al hospital. No estaría mal sino fuera porque mi prima es poco más alta que un llavero y Natalia podría jugar en la NBA. Me desconciertan. Casi prefiero arrastrarme…
Pero, tenemos esa capacidad de reírnos de nosotras mismas a carcajadas aunque, en esta ocasión, el centro de todas las risas fui yo.
De todos modos, esa noche entera en urgencias y los momentos posteriores a caballito y en muletas, son dignos de un blog y de una comedia de Hollywood. Valgan estas letras como un merecido homenaje para ellas que ya es la segunda vez que «me recogen» del lodo en que me encuentro.
Un día de estos, cuando me recupere… las llevaré a bailar.

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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