¿Algún día alguien le pondrá mi nombre a un barco? 2


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nombre de barco

Mi amiga, la del “corazón roto” ha enviado una señal de socorro en formato whatsapp esta mañana. Domingo; era totalmente previsible y yo la he respondido con un “vamos a pasear”. Me venía con excusas, “que si me encuentro fatal”, que si “resaca”, que si “dolor de cabeza”… Así que he sacado todas mis armas:

-Sol, playa y… tíos buenos haciendo footing.

Era todo lo que necesitaba oír.

 

Y es que es verdad, las mañanas de domingo en Palma son una gozada para los sentidos; a nada que haga un poco de sol, te levantan el ánimo da igual las catástrofes naturales internas que estés padeciendo.

Soy una gran experta paseando amigas así que ya sé cuáles serán las distintas reacciones dependiendo de la ruta. Obviamente las más abruptas son también las más agradecidas a los ojos pero, dado el índice de alcohol en vena que aún llevaba mi amiga, me he decidido por una ruta light por el paseo marítimo palmesano, en la que el abanico de tíos buenos corriendo y en bici, si bien es elevado, se alterna bastante con familias varias; niños en patines, paseadores de perros, jubilados enamorados (ay, suspiro) y lectores de periódicos al solecito de un banco.

 

Buscando hacerla reír le proponía repartos justos:

 

-Tú te quedas a los que van en bici y yo a los de a pie (que si me da por correr detrás de alguno tendré más posibilidades).

 

-Tú te quedas a los que vienen por la derecha y yo a los de la izquierda.

 

Pero como soy una buena amiga (y además lenta), ella se acababa “quedando” muchos más hombres que yo.

 

-Pues ese viene por la izquierda pero me lo pido.

 

Y yo la dejaba pedir y pedir… Y en este punto, es de justicia indicar que mi amiga es muchísimo más guapa que yo y que de haber hecho una encuesta entre todos esos deportistas implicados en nuestras triquiñuelas habrían estado más que de acuerdo en que “se los llevara ella” y no yo.

 

Al final, la propia selección natural ha obrado por sí sola: ella “se queda” a los que llevan perro y a mí, me gustan más los papás… ¡Un momento! Tampoco me gustan “todos” los papás, ni siquiera ni siquiera todos los papás guapos… Hay papás que se ven claramente en la obligación de tener a sus hijos hoy, es decir, está cantado que este es el finde que “le tocan niños” y aunque por descontado quieran a su prole, no están ahí por puro placer. A mí me gustan esos otros padres; los que babean detrás de sus hijos, en los que detectas complicidad, los que les están enseñando a ir en bici y les soplan las heridas cuando se caen, los que acompañan a la mamá embarazada y la miran con amor. También los papás que ríen a carcajadas.

 

Seré rara, lo sé, pero es lo mismo que a mí me gustan mucho (pero que mucho), los hombres que se paran en los pasos de cebra: a mí esos hombres me ponen y sin embargo, como tenga yo una cita con un tipo que ya puede ser escultural y listo (mmm, no… los listos no hacen esas cosas) y pasear en un Morgan (cómo me gustan los Morgan, sobre todo con papá guapo dentro), y no se para en un paso de cebra con una ancianita que el tipo en cuestión ya no tiene nada que hacer conmigo. Ya me puede contar que es que está embobado mirando mi mirada límpida y mi sonrisa fluorescente que no cuela.

 

Así que, paseando paseando y dejándonos decir piropos por los deportistas domingueros. Flipando una con los cuerpos musculosos; la otra con la ternura de los papás guapos… hemos llegado a la zona en que los pequeños veleros están amarrados y yo, que donde el resto ve un padre pedaleando, un paso de cebra o… un barco, veo una historia, me he quedado embobada ahora viendo los nombres que algunos tienen pintados…

 

Es que, aunque no quiera, en las letras veo historias completas. Por ejemplo, si se llama Pedro III puedes imaginarte que el dueño viene de generaciones de marinos. Si se llama Buscando a Nemo, es de un papá tierno (las otras explicaciones asustan). Si se llama “Yate tengo”, el dueño es un imbéc… esto… que el dueño tiene un pésimo sentido del humor. Si se llama SE-MA, es de una pareja; por ejemplo, por ejemplo: Sebastián y María (que estamos en Mallorca). Y si se llama Los ojos de Ana hay una historia de amor tan grande detrás, que dan ganas de quedarte acampada delante del bote a ver cuándo viene al fin el dueño y verlo en persona y con suerte, hasta poder ver los ojos de Ana.

 

Y en ese momento, un par de guapos en pantalón corto nos han soltado un piropo y ambas hemos suspirado pero ya no por ellos, no. Qué va… Sino mi amiga con el corazón un poco menos roto y yo con ese botón de mi cerebro cuenta historias puesto en modo romántico pensando “¿alguna vez alguien le pondrá mi nombre a un barco?”.

 


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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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