ya no quedan hombres como los de antes 2


hombres como los de antes




La primera frase: EL TÍTULO ES MENTIRA. Así de rotundo. Solo quería tirar del repertorio popular, pero este post trata precisamente de todo lo contrario. 

Seguiré tenaz defendiendo que las calles están plagadas de hombres y mujeres buenos, que tanto los unos como las otras necesitan un amor que vaya que existe y está ahí, tan lejos de ti, como tu propia sombra.

Pero, míralos, repitiéndose en las tertulias que «mucha chica mona pero ninguna que valga la pena», que «sólo las mueve el interés», que «los hombres buenos están ocupados o son gays» y además, que «ya no quedan hombres como los de antes: galantes, detallistas, caballerosos ¡y si existe alguno, huye porque algo malo tendrá!» Y se quedan suspirando por los actores de las películas en blanco y negro, que se quitan la gabardina para que su chica no pase frío mientras pasean bajo las farolas de las calles de Manhattan.

A saber. Quizá es que soy una dama y con esos otros; con los que gustan de mujeres fatales… no acabo de tener feeling. Quizá es que soy una privilegiada. Lo soy en todo en la vida, ¿cómo no serlo en esto? Pero los hombres que me envuelven (da igual en calidad de qué), me tratan como a una princesa. Soy una cotizada acompañante a fiestas y viajes ¿será por aquello del mundo, porte y conversación (sobre todo conversación)? Será que caigo genial a las madres y hermanas que me ven como una futura nuera y cuñada. No lo seré, pero mi acompañante y yo solemos mantenerlo en secreto y las dejamos felices elucubrando. Me encanta que mis hombres (insisto: da igual en calidad de qué), «me inviten a…», que planifiquen, que tengan iniciativa y chispa, que me digan «haz las maletas que nos vamos», que me hagan reír, que me supongan un reto interesante. Me encanta que me cuiden, que me acompañen a casa, que me abran la puerta del coche. Me encanta que me dediquen «esa canción» (sea la que sea porque debe haber tantas como hombres y mujeres ávidos de amor). Me encanta que me digan que hoy estoy preciosa, que me envíen flores, que me manden un fragmento de un texto, de un poema ¡porque les ha recordado a mí! No importa si el caballero en cuestión lleva siempre el mismo vaquero con parches o unas viejas converse porque la elegancia es algo que va de dentro a fuera; como la sabiduría, como la belleza.
Y anoche, un caballero en cuestión (da igual cuál; podría poner muchos ejemplos, pero este muy reciente sirve), tras recogerme para llevarme a cenar, de abrirme la puerta del taxi, de haber ido personalmente a reservar específicamente una mesa en una terraza divina, me dice en los postres que habría querido escribirme una poesía, pero no logró redactar nada a mi altura y, en su lugar, me sacó un papelito manuscrito que desdobló, acercó su silla a la mía y empezó a leerme un extracto de El Alquimista.
«El Alquimista cogió un libro que alguien de la caravana había traído. El volumen no tenía tapas, pero consiguió identificar a su autor: Oscar Wilde. Mientras hojeaba sus páginas encontró una historia sobre Narciso.El Alquimista conocía la leyenda de Narciso, un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago. Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro del lago y se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso.Pero no era así como Oscar Wilde acababa la historia.Él decía que, cuando Narciso murió, llegaron las Oréades -diosas del bosque- y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.
– ¿Por qué lloras? -le preguntaron las Oréades.
– Lloro por Narciso -repuso el lago.
– ¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso! -prosiguieron ellas-. Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.
– ¿Pero Narciso era bello? -preguntó el lago.
– ¿Quién si no tú podría saberlo? -respondieron, sorprendidas, las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo: 
– Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver; en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza.»
Por eso hoy ¡tenía que escribiros a todos! Gritaros que ¡chicas, chicas, no os conforméis con menos! No viváis siquiera con un ápice menos de lo que merecéis y queréis (sea lo que sea) y chicos, ¡cuidadnos mucho! Porque no hay nada que se devuelva más cuando se entrega como el cariño, y si esa chica con la que andas no lo valora ¡búscate a otra! O escribidme, que os presentaré una colección de mujeres buenas.

Enlace: «El Alquimista» Paulo Coelho

 


Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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2 Comentarios en “ya no quedan hombres como los de antes

  • Marilin C.

    Haberlos, haylos, pero hoy en día, la sociedad (y "sociedad" somos todos, aunque a veces nos excluyamos…) quizás valora más otras cosas, y se nos olvida lo maravilloso que es que te digan de vez en cuando: "te la dedico, que así es como me siento contigo" Una, que es una romántica…

    • admin Autor

      Jo, ¡Y lo fáciles que somos en realidad! Estoy de acuerdo contigo. Lo que queremos es sentir y saber cómo se sienten cuando están con nosotras, pero les cuesta, les cuesta… Responsabilidad compartida en realidad, que no educamos a nuestros hombres a saber qué sienten y créeme, muchos ni saben que sienten; que tienen "esas cosas" llamadas sentimientos y sensaciones. Somos la generación de mujeres en busca del hombre "metroemocional". Lo encontraremos… Está por ahí, cerca, buscándonos para dedicarnos una canción 🙂

      ¡Gracias por escribir!