del cerdo se come todo, todo, todo 15


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del cerdo se come todo, todo, todo, otro Post DataMi padre era cocinero de un hotel regular y encima; en San Antonio. Quiero decir que no esperéis de nuestra dieta platos de esos “de autor”. Bueno… sí que era fácil reconocer al autor: si era plato de cuchara; guisos, lentejas, sopas… Había sido mi madre y si era “lo que fuera frito con patatas”; había sido mi padre.

 

Aprendimos desde pequeños el término opuesto a “cocina minimalista”, que es “cocina de zafarrancho”. Mi padre siempre, siempre, no importaba el día del año, podía sacar del congelador escalopes perfectamente planos y con rombos dibujados con el reverso de la macheta que guardaba envueltos primorosamente formando raciones y la guarnición única y posible para aquel hombre eran las patatas recién fritas lo cual, la verdad: ya nos iba bien a los 4 canijos.

No recuerdo haber comido con él en la mesa, ¿lo haríamos alguna vez? Porque aquello de nuestra alimentación formaba parte de sus rutinas y entre ellas no existía un solo ritual social, ni siquiera, para con sus hijos. De modo que, cuando mi madre trabajaba y llegábamos a la mesa de la cocina recién levantados, ahí estaban en serie los vasos de colacao y las magdalenas y nuestros bocadillos de embutidos varios para llevar a la escuela.

 

Y al volver a mediodía, mágicamente, sin que él estuviera presente, había cuatro platos de “algo”: escalopes, lomo, croquetas, huevos… con patatas.

Ayer, que estaba frente a frente a las costillas de cerdo que primorosamente había preparado mi… ¿nueva y temporal compañera de piso? Pensaba: “¿He comido alguna vez costillas de cerdo?” Y desde luego, con ese formato de Pedro Picapiedra, no.

 

Como mi otra compi temporal de piso no venía, tuve el tiempo suficiente de divagar a solas con las costillas… No las de Adán, sino las de cerdo.

Inmediatamente pensé en aquellos primeros menús de niña y que por supuesto, afectan a la relación que tienes con la alimentación, hasta el punto de que yo, cuando me vi en el papel de ser la de alimentar a mis hijos, renuncié casi totalmente a los fritos. Uy, ese día al año en que mi hija se encontraba huevos fritos con patatas y me decía con todo su sarcasmo (a qué mala hora la enseñé a hablar):

 

-¡Ay!- fingiendo llorar- Si es que no soy capaz de comerlo. Creo que haré una foto al menos, o no me creerán mis amigos.

 

Y le daba una colleja y le contestaba:

 

-Come y calla o te saco lentejas.

 

Porque platos de cuchara, de aquellos de mi madre que luego fui modificando mucho, pero que muchísimo, añadiendo toques exóticos, vaya si les hacía.

 

El día antes de venirme, Mario le contaba a alguna de mis visitas:

 

-Mi madre hace lentejas, sí, sí… pero es la única madre del mundo que hace lentejas sin chorizo y sin patatas. Es más, es la única madre del mundo que hace lentejas sin lentejas.

 

Y no podía más que reírme porque, aunque a qué mala hora le enseñé a hablar… es cierto completamente. Pero no porque les mienta, sino porque mis hijos son un poco ignorantes y cuando hago uno de mis fantásticos platos de verduras y legumbres al curry con basmati, alguna vez éstas no son lentejas sino semillas de soja que cocidas tienen un aspecto similar y, como no me preguntaban y yo no les decía, pues ahí estaban ellos comiendo lo que llamaban voluntariamente lentejas.

 

Otro día Mario llegaba de comer en casa de unos amigos y me comentaba que había comido:

 

-Algo muy raro. Nunca había oído el nombre…- Y le veía dudando y dudando hasta que le salía -Ah, sí: chuletas.

 

¡Y hablaba en serio! Y le contestaba con un suspiro:

 

-Ay, qué triste. Que he criado unos hijos que no saben qué es una chuleta. Si estuviera aquí tu hermana, ya la estaríamos oyendo gritar.

 

Y es que, después de pasar catorce años de mi vida con el cerdo repartido en distintas formas y trozos, flotando en caldos o acompañado de patatas fritas…

Después de que una vez una cerda inmensa me intentara comer ella a mí hasta el punto que descubrí que tengo súper poderes cuando hacen falta y puedo dar un salto hasta una viga del techo y además, aguantar y aguantar todo lo que sea necesario sin caer hasta que alguien venga a salvarme ¿habéis visto Hanibal el Caníbal, cuando hace que una piara se coma la cara de no sé quien?

 

Pues eso… Después de otra vez, ver los cubos de… ¿basura? ¿Mierda? Que le echan a comer a los cerdos tal cual donde caiga, entre aquellos charcos de caca de cerdo y como se implican y se comen incluso el cubo si el que los alimenta no es rápido; después de que les vi una vez tragarse un zapato con toda la suela y cordones y todo pues, ¿qué queréis que os diga? Se me quitaron las ganas y en casa nunca, jamás, cocino cerdo. Sin embargo, socialmente sí, claro.

 

Sales de tapitas y te sacan jamón serrano, sobrasada, choricitos, morcilla… y ahí te lo comes y durante media hora aparcas aquellos traumas del zapato y la cerda personívora, que anda que no está bueno.

Es como Isa que con su novio se hizo “vegetariana excepto socialmente”, porque es imposible, imposible tener toda la familia en Mallorca y no comer cerdo casi continuamente

 

¡Cómo le vas a decir a tus abuelos que vas a comer y que no hagan carne! Si a lo que no es carne, lo conocen como “guarnición”. Que no, que no… que lo que ganas en salud lo pierdes en explicaciones y no vale la pena.

Pero he de decir que no es que lo deteste o me desagrade el sabor; es que simplemente, prefiero otras alternativas. Que sí, que sí, que ya sé “que del cerdo se come todo”. No te fastidia, ¡y tanto! Porque él se ha comido antes todo, todo, todo lo que ha podido, ¡ay, si le hicieran una autopsia al filete que tienes en tu plato!

Pero tal y como venís haciendo hasta ahora: no me hagáis ni caso, que no escribo para que os plantéis frente a una costilla a cuestionaros la vida del pobre bicho, sino a que os riáis de lo tonta tontísima que soy yo que como por norma poca carne y muy poquísimo cerdito y sin embargo, cuando estuve en India, por ejemplo, lo que me costaba pasar un mes sin morder (literalmente MORDER) carne. Acababas viendo una vaca de esas sagradas que se cruzaban por las calles parando el tráfico y decías “sujetadme, que le doy un bocado; ahí, justo en la pechuga.”

 

Estuvimos en un pueblo en India; no recuerdo cuál pero nada más entrar un cartel advertía:

 

“Se anuncia que en esta comarca está prohibido robar, comer carne y hablar mal del gobierno, bajo pena de prisión” y claro, a base de “plain rice and vegetables” y ni una palabrita de lo mal que iba el servicio de limpieza de las calles.

Sólo coincidiendo con la Navidad (nuestra Navidad) y en Udaipur, nos encontramos con  la maravillosa posibilidad de comer ternera o cordero ¡ay, cuándo mordí el cordero, qué rico me supo! E incluso, bebimos cerveza India (porque tampoco es fácil beber alcohol) y un vino espantoso. Eso sí: nos retiraban los vasos de cristal y lo cambiaban por tazas de desayuno, de plástico y con dibujitos infantiles para que no se viera el contenido y nos recordaban que las botellas debían estar ocultas bajo la mesa. O sea, que bebíamos con su consentimiento puntual, pero de contrabando.

 

Nos “permitían” beber o comer carne, pero nos recordaban que somos unos miserables viciosos que viviremos cien vidas por estar manchando de sangre y alcohol nuestros karmas y nosotros, brindábamos porque en esta vida; en este momento puntual, el arroz llevaba chicha.

Bueno. No quiero extenderme. Prefiero dejar para otro post el seguir contándoos como he vivido en “mis carnes” (jajaja), cómo se come y cómo te ven a través de la comida, por otros lares y mientras… a lo que importa; capítulo de agradecimientos: Ana, que sepas que las costillas ésas que preparas en bolsa de plástico están muy ricas. Cuando quieras, repetimos.

 

 


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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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15 Comentarios en “del cerdo se come todo, todo, todo

  • lau

    “que del cerdo se come todo”. No te fastidia, ¡y tanto! Porque él se ha comido antes todo, todo, todo lo que ha podido, ¡ay, si le hicieran una autopsia al filete que tienes en tu plato!

    jajaja me encanto este trozo 😉 saludos

  • admin Autor

    Uey, ¿pero qué ha pasado en este blog? Se va una tranquilamente a la playa y mira lo que me encuentro al llegar a casa. No me dais tiempo ni a sacudirme la arena 😉

    A ver, por alusiones: Que me alegro de que el post sirva para que todos saquemos nuestros trapos sucios al respecto de la comida; nuestras manías y nuestras delicatessen, en la que creo que los huevos fritos con patatas encabezan la lista de favoritos.

    Tema pepinos; ¡los pepinos tienen su "eso"! Y si no, haced, haced memoria… que hasta hace nada preocupaban más a la Merkel que las primas de riesgo esas que nadie tiene como parientes y, pepinos… pues menos, pero ahora que vuelvo a ser de campo, ahora que vuelvo a revolver en el huerto de mis padres en el que crecí y miedo me da ir de visita, porque cada vez que asomo la nariz por la puerta, ya está mi madre dándome calabacines. No es sólo que sean muchos calabacines ¡es que son enormes! Para que luego anden por ahí los de Nestlé investigando con transgénicos… Estos son más grandes que mis brazos y ya no sabemos toda la familia qué más cocinar con los puñeteros y gigantescos calabacines ¡anoche hice pizzas de calabacines! Pero antes habíamos hecho crema, salteados, los añadí a la salsa boloñesa… Así que, queridas, podéis decirle a quien queráis: "creces más que los calabacines de la madre de esa de otro Post Data" y si no lo entiende, pues se lo explicáis 😉

    Más: Mi discurso; Que conste que el tema merece un post solito porque, utilicé una pequeña artimaña femenina de esas que enseño a las mujeres que trabajan conmigo, pero me da igual que aquí también lo lean varones, ¿sabéis de qué se trata? Es la artimaña número 322 también conocida como "ponte un vestido espectacular" 😉 porque era más que consciente de que las palabras iban a sonar de otra manera. Eso me sirvió para romper el hielo, que andaban toda la junta directiva y los políticos como ligeramente tensos y cuando llegó el último tarde y al presentarnos soltó lo que los demás no, pero de todos modos pensaban de "¡Pero si eres guapísima y vaya un vestido!" Les dije a todos a modo de presentación: "¡Menos mal! ¡Aleluya! ¿Y qué haya hecho falta que entre un doceavo hombre para recibir un piropo? Que sepáis que la próxima asamblea, vengo en chandal"… Así, entre risas, quedó clara cuál va a ser mi estilo de gestión 😉 De todos modos y ya presumiendo… ¡recibí una presentación preciosa! Dijeron que no iban a ponerse a hablar de mi extenso currículum blablabla, que englobaba muchas maravillas porque ya lo conocían todos de la anterior asamblea (aquella en la que votaron contratarme) y porque de todos modos, lo más importante no estaba ahí (en el papel), sino aquí (señalándome) y era esa mirada que transmite seguridad y confianza; algo que cuesta tanto encontrar y sobre todo, esa preciosa sonrisa a la que nadie se resistirá, como de hecho ninguno de ellos había podido resistirse y les retó a atreverse a decirme que no a algo. Bah, ya sabemos que nunca jamás se dio el caso 😉 Reconozcamos que, viniendo de un político, ¡caray, qué bonito! Dan ganas de decirle a Rajoy: anda, aprende a hablar 😉

    Bueno, os dejo que voy a quitarme arena y tengo muchas, pero que muchas ganas de escribir un post, ¿verdad que volvéis luego por aquí a leerlo?

    ¡Muchas gracias a todos por leer y por escribir y por todo, ¡POR ESTAR!!

  • Marilin C.

    Hace muchos años, estábamos celebrando en casa un cumple, y había ensaladilla rusa y tarta. Pues resulta que cogimos todos un virus de gastroenteritis (del que la comida no tuvo la culpa, porque no todos comimos lo mismo), y estuvimos más de una semana malos. Resultado: me tiré años sin probar la ensaladilla ni la tarta. Ahora, la ensaladilla ha vuelto a mi dieta, pero he renegado de la tarta. Sólo la pruebo cuando todos los demás lo hacen, para no quedar como una rara, jeje. Eso sí, donde estén unos huevos fritos con patatitas, que se quite la verdura, por muy sana que sea.

  • dolega

    Yo, del cerdo hasta los andares.
    Sobre la autopsia un filete lo pongo a consurso en un análisis de 10 gramos de azucar morena de caña. Estoy segura que gano.
    La comida india no me gusta nada. Mi marido la adora y creo que no es por llevar la contraria, cuando estuvimos yo lo pasé fatal y él lo disfrutó mucho, mucho. 🙂
    ahhh y las costillas si las haces con salsa barbacoa, literamente te chupas los dedos. XD
    Besos

  • Territorio sin dueño

    Pues hija, a mi me gusta todo, la carne, la verdura, el pescado, y las patatas fritas con huevos y pimientos son mi plato favorito, eso sí, peladas, cortadas y fritas en sartén con aceite de oliva, nada de congeladas o en freidora, que una es sencilla pero exquisita, y del cerdo todo todico y si puede ser ibérico mucho mejor, me libro del colesterol porque no me gustan los dulces ni los postres y me da un asco que te mueres la bollería industrial, eso en casa si que no se toca, cada una sus manías.
    Un beso ibicenca

    • Macondo (Chema Almudévar)

      Vamos a darnos un poco de vida entre nosotros, hasta que aparezca esta chica a decirnos algo. Que no se nos olvide preguntarle por su discurso del otro día, no vaya a querer escaquearse.
      En mi casa (quizá porque somos siete hermanos) tampoco éramos nada tiquismiquis con las comidas. Me dan no sé qué esas familias en las que sin estar enfermo nadie hay un menú por persona. De crío muchas veces dices que no te gusta algo sin haberlo probado. Si tienes una madre paciente, como la mía, no te agobia pero te lo hace probar. Al día siguiente un poco más y al final termina siendo tu plato favorito.

    • Territorio sin dueño

      Más razón que un santo, hay que probarlo todo, y los niños si no quieren y un día se quedan sin comer, tranquilitos que no les pasa nada, tienen reservas

    • Marilin C.

      Yo odiaba con todas mis ganas las lentejas, pero le agradezco a mi madre que me las hiciera comer, porque ahora me doy cuenta de que, como los platos "de cuchara", nada. Pobres los que ahora no los comen, por falta de tiempo de los padres. Tendrán que vigilarse el colesterol…

  • Macondo (Chema Almudévar)

    En mi casa también fuimos de comida contundente. Para empezar a mi padre no le gustaba la verdura y creo que además estaba orgulloso de que así fuera. Le parecía comida de mujeres. “De lo que come el grillo, poquillo”, solía decir. Con respecto a lo aprovechable que es el cerdo recuerdo una anécdota que contaba. Espero que no se considere irreverente, porque al fin y al cabo procede de un sacerdote. El cura de un pueblo de Aragón, tratando de encontrar un símil que explicara a sus feligreses la importancia de la Virgen María, no se le ocurrió otro mejor que el siguiente: “La Virgen María es como los tocinos, que no tienen desperdicio”.

    • Territorio sin dueño

      Ja ja, el cura se lució con la comparación, que bonita y elegante, me recuerda (mis asociaciones de ideas) a un amigo de mis padres que un día vino por casa cuando yo tenía 11 o 12 años, y queriendo agradar me dijo – que grandes estás, creces como los pepinos – Mi hermana y yo todavía estamos dándole vueltas a la frase.

    • Territorio sin dueño

      Je je, pues ahí está el problema, que yo tampoco lo entendí muy bien, supongo que los pepinos deben crecer muy rápido, de cualquier manera que me compararan con un pepino me tocó las narices, el señor en casa pasó a ser nombrado como el palurdo cateto

  • Espiritudeibiza

    Desayunando leyendo un post (tu post) sobre comida a base de cerdo… Por una vez voy a tener problemas de digestión leyéndote!!! (Es broma… eso jamás… nada mas lejos de la realidad… leerte es como escuchar “Visa para un sueno”… el ordenador que me han prestado es British y no tiene N de Espana)…

    Tantos que voy a eliminar todo lo que sea cerdo de mi dieta (aunque nunca he sido un especial amante de nuestro amigo Porky exceptuando el York y el buen jamón serrano)… De igual manera que hice con el revuelto de ajetes trigueros… tras tener un accidente en moto a los 17… Que me mantuvo tres meses fuera de juego… con unos dolores de cabeza impresionantes como si el transiberiano hubiera pasado por encima de mí… Ese día había comido entre otras cosas revuelto de ajetes… y desde entonces los aborrecí…