esquiando en la luna


esquiando en la luna

Debería hablar de esta vida nueva en Madrid y referirme al trabajo (que es muy nuevo y muy mucho); modelos, diseñadores, estilistas, fotógrafos, periodistas, notas de prensa, pressbooks, pressopendays y en definitiva muchas press«cosas», muchos eventos y muchas relaciones sociales con brindis y cumplidos.

Una sorpresa que estoy disfrutando día a día, muchos compañeros nuevos con los que vamos formando un engranaje cada vez más afinado y que espero en breve, pueda rodar solo como merece.

Pero, en definitiva, lo que más me está llenando son esas otras pequeñas cosas de después del trabajo. De la copa de vino en el Lola o el Pause a la salida; o las cenas en el Public o en casa;  o los desayunos en La Austríaca; en el bar de Nines o en el Lolina los fines de semana. Y esos personajes raros que nos hemos ido concentrando, unidos por los nexos más curiosos, pero unidos al fin, entre charlas y risas (y algún moco):
Alessandro, el cocinero de la maravigliosa suppa que me hace las preguntas más difíciles convencido de que de mi boca saldrán las respuestas.
Pablo, con sus imitaciones de mexicanos, su humor y sus miedos ¡Y Pulke! Su bulldog americano enamorado de un cangrejo de peluche.
Isa (imprescindible), Gabriela, diseñadora de moda reciclada y sobre todo artista con la que sé que voy a hacer muchas más cosas de las muchas que ya estamos haciendo.
Sebastian, que llegó de madrugada pidiendo asilo y se lo dimos.
África con toda su dulzura y sus ganas de aprender y su madre que tiene urgencia por vivir.
Silvia, que encontró en Madrid lo que dejó en Mallorca y se siente decepcionada y sola.
Toda la gente de la oficina, que no les ha quedado más remedio que amoldarse a vivir bajo el yugo de esta ibicenca que les está cambiando todo de arriba a abajo y de nuevo Vicente, con el que comparto casi casi 24 horas al día y que sigue mimándome siempre que puede ¡Parecemos un matrimonio!

Las noches son cada vez más cortas desde que estiramos el trabajo pero, eso no es motivo para no celebrar «algo» cuatro, cinco veces por semana como… ¡Qué es domingo y estamos aquí!

Así que Isa (que se queda en casa el fin de semana) y yo nos marchamos a pasear después del Lolina, vamos a la Fnac o a la Casa del Libro a curiosear libros y música, a escuchar canciones conocidas y leer cosas nuevas, a tomar un té en cualquier sitio hasta que llega la hora de tomar una caña y un vino y nos marchamos a cenar y charlar de la vida, de Egipto, Nueva Zelanda, Perú y otros muchos sitios a los que viajaremos cuando nos toque la lotería el próximo día 22.

Y ya a las tantas, al pasar por la Plaza de la Luna descubrimos que aquellas estructuras extrañas que estaban montando eran una pista de esquí artificial, y en fin… Antes de darnos cuenta ya estábamos escarbando junto a los contenedores de basura buscando alguna pieza de unos viejos muebles de cocina que nos sirviera de trineo y allá que nos fuimos a colarnos en la casi inaugurada pista; primero una, después la otra y luego juntas, deslizándonos muertas de risa sobre un panel de aglomerado.

Una cuesta, una pausa en la que arrastrarnos y de nuevo otra cuesta.Tanto y tanto nos reíamos que en la fría noche se acercó más gente y claro, se animaron y también se colaron y allí montamos una guardería sobre la nieve y bajo las estrellas hasta que con tanto escándalo el vigilante nos echó a todos. «Por vuestra culpa» -Les suelta Isa (y puedo imaginármela con veinte años menos en la escuela señalando con el dedo a su compañera de pupitre)- «Cuando estábamos solas no nos decían nada».

 


Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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