la flor de la vida


 
Ya sé que este blog aparece a menudo como un diario, pero no es el propósito. Claro que escribo por la simple razón de que no sé no hacerlo. Se me van los dedos, me vienen las palabras… pero por otro lado, el hecho de publicarlos ambiciona mucho más que el que me miren (total, tampoco soy tan guapa). Busca el poder reírnos juntos, aunque sea empezando conmigo; el dejar un poso sobre el que pensar aunque sea yo la víctima de la metáfora porque siento que siempre es más fácil involucrarse en una historia cuando parece eso: una historia con personajes (que a veces se parecen a ti o a un amigo tuyo) y no un artículo impersonal y frío. A saber. Quizá si supiera escribir ese tipo de artículos no andaría escribiendo posts, pero insisto: no sé no hacerlo y si a lo mejor, en algún momento, alguna de estas palabras os sirven aunque sea un poco… os las regalo.
 
Y sin embargo estas líneas de ahora son absolutamente personales. Espero y quiero que no os sintáis identificados en ellas ni ahora ni nunca aunque, os adelanto que como en todos mis otros posts (como en todo lo que toco), hay un final feliz.
 
Hace diez años escuché por primera vez hablar del Virus de Papiloma Humano (VPH). Ojalá hubiera sido en un telediario, pero no, fue de boca de aquel señor con bigote que me dice “Relájese. Ahora sentirá frío. Esto le va a molestar. Esto quizá le duela” como si con ese discurso pudiera relajarme.
Miro hacia arriba, esquivando los halógenos en los ojos, buscando un motivo de relajación y ese falso techo de yeso no ayuda. Bajo la vista y los posters en las paredes mostrando a todo color lo feas que somos las mujeres por dentro; bajo las capas de piel y músculos, tampoco. Claro, junto a la explicación de qué es el VPH llegan muchos detalles que no quieres oír. El primero es que es, con casi total probabilidad, una enfermedad de transmisión sexual y te sientes fatal solo hasta que te das cuenta de que en realidad, era la noticia menos mala. En realidad está presente en algún momento en un 75% de la población y según las estadísticas, hoy, se encuentra en el organismo de una de cada cuatro personas sexualmente activas. Así pues, tampoco soy tan especialmente golfa.
 
Es cuando te flotan, como nubes negras, palabras horrorosas como verrugas, epitelio, escamas y… cáncer (todas palabras tabú que tratas de no repetir porque no las quieres en tu vida). En ese punto vuelve a decirme que no me preocupe ¿pero es que este señor con bigote no sabe nada de diplomacia? Si solo de escuchar que estará frío todo eso que tiene pensado introducirme y además, me va a doler, no me relajo ¿cómo no preocuparme si me dice que puedo desarrollar un cáncer?
 
Lo intentas ¡cómo lo intentas! Es sólo una posibilidad. A fin de cuentas, esa posibilidad existe siempre y lo hace en paralelo a todas las demás: las de no tenerlo
. Pero, las pruebas fueron pasando y cada uno de los peores augurios se fueron cumpliendo puntualmente a cada citología al principio y después a cada colposcopia y después, a cada biopsia. Podemos resumir esos años de mi vida en un: os juro que hice testamento antes de que me operaran y planifiqué como en la película, “mi vida sin mí”, pero sí con mis hijos. Mirad cómo llega a crecer el miedo más deprisa aún que el cáncer…
 
“Todo era malo pero la buena noticia es que los bordes están limpios. Eso quiere decir que lo sacamos todo. Sólo hay que estar atentos a que no se reproduzca” dijo el oncólogo. Pero tampoco entonces pareció una gran noticia. Las células cancerígenas siguieron ahí, firmes y sujetas a mi cuello de útero cada visita posterior.
 
“Relájese. Ahora sentirá frío. Esto le va a molestar. Esto quizá le duela” me repetía aquel señor con bigote antes de perderse, una y otra vez, entre mis piernas. A estas alturas debería haber encontrado algún punto grato en este techo al que agarrarme, pero no, no lo encuentro… A su “No se preocupe” añadía una lista de pautas a seguir “Si algún día no puede soportar el dolor o empieza a sangrar incontroladamente vaya inmediatamente a urgencias. No se preocupe”, ¿os preocuparíais vosotros con semejante despedida de una consulta?
 
Pero saltemos episodios en esta historia porque, total, eran demasiado parecidos los unos a los otros, para llegar por fin a la buena noticia que todos estábamos esperando: El señor con bigote, más guapo que nunca me acaba de decir “Está usted curada. En el análisis no aparecen lesiones. No hay células cancerígenas. Está usted curada. Puede hacer vida normal, está usted curada”. Tres veces lo ha dicho intentando compensar todos los sustos de estos años.
 
Y aunque es cierto que “sabía” que estaba curada… porque caray, soy positiva, soy alegre, soy feliz, ¡me siento sana! (siempre me he sentido sana)… Aunque “saberlo”, lo sabía… ¡Es tan fantástico escucharlo! Que creo que esta noche lo repetiremos en cada brindis. ¿Cómo era aquello de los brindis…? ¿SALUD?
 
¡Va por vosotros! Salud, amor y fortuna para todos, que nos merecemos muchas cosas buenas.
 

La flor de la vida
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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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