y de verdad, ¿cómo estás? 2


congresos de verdad cómo estás

Son incontables los congresos y conferencias en los que he participado. Un privilegio porque, mi papel de organizador me ha permitido asistir a eventos que de otro modo hubieran estado vetados porque hubieran sido costosos o, simplemente, inaccesibles.

Solo por poner un ejemplo: Una sesión de ministros europeos con la participación extraordinaria de otros de distintos países de Oriente Medio.

Otras conferencias eran porque estaban limitadas a distintos sectores: abogados, arquitectos, médicos… y sin embargo, ahí estaba yo, atenta a que todo funcionara correctamente: luz, sonido, catering… y de paso, tomando apuntes; aprendiendo...

Hoy recuerdo una de estas charlas, precisamente de un médico que dedicaba su discurso a la ética de los profesionales en lo relativo al trato a pacientes terminales. Sin embargo, el ejemplo que dio y que ahora compartiré con vosotros, es válido para muchos terrenos de nuestras vidas.
Dijo que la prevención era lo más importante. Recalcaba la empatía (cuánto aprendí sobre empatía en aquel congreso) y decía que a menudo llega el paciente a la consulta por cualquier tontería; tos, un constipado, la receta más absurda y, al salir por la puerta, es justo cuando dice:

“y… seguro que no es nada, pero… también me duele aquí” y “aquí” es donde se acababa descubriendo el síntoma importante que, a veces, significa la diferencia entre vivir y morir.

¿Y cuándo hace un amago pero… acaba por no decir nada cerrando la puerta? ¿Cuánta responsabilidad tiene un médico cuya formación puede permitir muchas cosas pero no leer el pensamiento?
No sucede únicamente ante facultativos. También nos encontramos estas situaciones día a día, ¿Cuántas veces encuentras a alguien por la calle y te pregunta cómo estás, se conforma con un escueto y poco creíble “bien” y entonces salta con toda su lista de disgustos, problemas y desgracias? Y te confirma esa extendida teoría de que todo el mundo mira por sí mismo y no le importas a nadie más que a ti.

¿Toda la responsabilidad recae sobre el insensible que no indagó si de verdad estás o no estás bien? “Bien” siempre debiera decirse cuando estamos bien. Las preguntas debieran contestarse en la medida de lo posible con la respuesta que más se asemeje a la realidad

¿No es la función del idioma definir con exactitud o con la máxima aproximación el mensaje del comunicador? No es fácil contestar ese “¿cómo estás?” Con un “con gastroenteritis. Cómo no encuentre un baño inmediatamente, me lo hago encima”, o “con prisa. Me pillas a punto de ir a echar un polvo con mi amante mientras mi mujer va a buscar a los niños al colegio”.

Rojas Marcos, profesor de psiquiatría de la Universidad de Nueva York, ocupaba además el cargo de Director de Sanidad y Hospitales Públicos de la ciudad cuando ocurrieron los atentados del 11 de septiembre. Tras 10 días de duros esfuerzos por ayudar a otros, mientras se encontraba en una de esas charlas con el personal de uno de los hospitales que impotentes atendían a los heridos y a los familiares de los miles de desaparecidos y trataba de mantener sus morales altas, alabando el gran trabajo que estaban desempeñando, cuando una enfermera se levantó y le preguntó: “¿y Usted, cómo se siente?”.

Detrás de esos “Bien” que escuchamos y pronunciamos a diario… ¡Hay tantas cosas! Pero, a veces, solo algunas veces, sobre todo si el encuentro con esa persona no es casual, sino buscado; cuando el encuentro es además, hasta sorpresivo… “Bien”, no vale; “Bien”, no basta.

Nuestros radares nos mandan señales de que esa persona nos busca, que solo si estamos atentos percibiremos. Si sabemos escucharlo, veremos que hay un grito en el aire de que, de algún modo, esa persona nos necesita y tras el diálogo cortés de “¿Cómo estás?”, “Bien”, debe seguir un: “Me alegro. Y ahora, de verdad, ¿cómo estás?”

Y sería tan fantástico que ahí, justo ahí… se abriera toda la verdad.


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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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