El músico del bolo versus la rubia de la barra


Quiero empezar pidiendo disculpas a todas “las rubias de la barra”, bajo esa generalización hay morenas, pelirrojas… también algún tipo que otro. Espero que sepáis leer entre líneas y veías que esto no va “en contra de” sino a favor de muchos.

Que el “mamá quiero ser artista” no sea bien recibido es histórico pero, en el fondo, en el fondo… esa llamada de la vocación, ese grito del alma de un artista es difícil de ser sofocado y mamá acaba por ceder con todas las advertencias de que “triunfar en este mundo” no es fácil. Lo que cuesta de creer es que subsistir sea imposible para la mayoría.

Las horas de clases particulares se cobran a precios no muy distintos a quien limpia escaleras y el salario de un bolo se equipara casi siempre al de la rubia de la barra, solo que la rubia puede llegar a trabajar tres, cuatro noches en el local y el músico con suerte cada quince días. Insisto, con todos mis respetos para quien sirve cubatas, pero reconozcamos que detrás de esta labor la preparación previa de la mayoría es entre escasa y nula y, además, suele compatibilizarse con otro trabajo o con estudios. En definitiva; estáis de paso.

El músico viene para quedarse y el camino que hace es tan largo y duro… La inversión en preparación académica, instrumentos, equipos técnicos. Cargar y descargar todas las noches, las pruebas de sonido además de los muchos ensayos, el tener el valor tantas noches de plantarse ahí, delante de aquellos que pasan de ti; que siguen hablando a gritos sin valorar todo tu esfuerzo. El músico tiene que ganarse a su público en cada una de sus actuaciones.

No es en vano que la sonrisa del músico, cuando la noche sale bien, sea mayor que la de la rubia.

 

¿Cual es la solución a todo esto? Si además muchos andan condenados a trabajar en negro. Es impensable el permitirte pagar un autónomo y estás tan expuesto a una baja o a una simple afonía como cualquier otro ser humano.

¿Cual es la solución a todo esto? Yo sigo pensando (aún a riesgo de que los empresarios de la noche se me tiren encima) que es invertir más, mucho más en música.

Ofrecer ese algo más a tus clientes; cuidar el contenido y el servicio de las copas ¡Qué esa rubia no es tonta! Y puede aprender 15, 20 recetas y servirlas en 30 segundos en lugar de 12 y justificar los 8€ que pago.
Y por descontado: llenar tu local de esa energía que solo la música en vivo puede ofrecer. Los salarios ratas por bolo pueden ser otra cosa cuando en vez de un bolo a la semana, te llevas 5. Puedes pactar el precio por un mínimo y un extra por clientes, por consumiciones, puedes pactar la venta de CD’s personalizados con el grupo y tu local…
¡Qué sé yo! Hacer que el músico se implique de otro modo a cambio de tu esfuerzo. Hacer una apuesta conjunta, ser por una noche, un equipo.
¿Cómo era aquello que decía nuestro amigo Einstein?

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo.

La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. 

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura.

Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias.”

Pues eso, a todos los listos y valientes empresarios de la noche, a todos los músicos que no tiran la toalla y muy especialmente a las rubias de la barra, un abrazo. Qué la música nos acompañe (y suene muy alta y en vivo).

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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