se vende, se alquila, se embarga


Vivo en una finca modesta en un buen barrio. Ése fue siempre mi objetivo porque tenía claro que la casa la podría ir cambiando, pero con el barrio no podría hacer nada.

Tengo un piso totalmente a pachas con Barclays en una finca de doce viviendas. Desde hace un tiempo dos lucen el cartel de SE ALQUILA y dos el de SE VENDE. Después hay un quinto de una familia dominicana que vino al país en la época (no tan lejana) de bonanza. Vinieron ya precontratados y con el viaje pagado por Mercadona que enviaba oteadores a Latinoamérica porque aquí no daban abasto. La oferta del contrato incluía un anticipo suficiente para dar de entrada en un alquiler o, como en su caso, en la hipoteca de un piso. Esta familia también intenta vender el piso, pero sin demasiado esfuerzo porque tienen claro que cualquier día de estos, se marcharán (echan de menos el sol y aquí las cosas ya no son como eran) y, el día que lo hagan dejarán las llaves en el banco. Punto y final. En este caso, aunque sea de un modo implícito, el banco sí acepta la dación del piso porque saben que tratar de localizar al hipotecado les llevaría unas costas judiciales altísimas que, muy probablemente, al no lograrlo, tendrían que acabar asumiendo.
Solo falta que a cualquiera de los doce pisos le llegue una orden de embargo y creo que tengo en mi propia finca una muestra bastante representativa de cómo va mi ciudad y… la tuya.

Mientras, por otro lado, me llegan a mi buzón de correo un sinfín de ofertas para alargamiento de pene, o para disfrutar de un spa, de una cena y otros muchos planes románticos para dos a mitad de precio, si lo compro YA; me quedan diez horas, nueve, ocho… Y, mezcladas entre éstas, otras ofertas con títulos igual de espeluznantes: «Los precios de las viviendas continúan cayendo en picado. Aprovecha la ocasión», «Los pisos tan baratos que pelearás por ellos», «¿Quieres comprar? Los bancos te lo ponen en bandeja», «El mejor motivo para comprar: que el piso sea del banco». ¡Basta! Esa película la hemos visto todos: una pareja de recién casados o, una familia muy joven con un niño y una niña muy rubios se acaban de trasladar a una ciudad, con toda la ilusión y las esperanzas depositadas en una vida nueva. Sin tener ni idea, contactan con una inmobiliaria que les enseña casa tras casa hasta que se enamoran de una; es simplemente perfecta y barata, así que la compran, la pintan de rosa, instalan a los niños y cuando ya están habituados al nuevo hogar aparecen los fantasmas; fantasmas de la antigua familia brutalmente asesinada (detalle que la inmobiliaria olvidó mencionar) o, en la versión actual, los fantasmas de la familia brutalmente desahuciada (detalle que el banco tampoco nos mencionará).
300.000 familias han perdido su hogar desde que empezó esta crisis. En el telediario hablan de personas pero, estas «personas» no vivían solas: tenían mujer, marido, hijos, padres… 300.000 familias han perdido su hogar y los bancos nos dicen mientras que a «ellos no les interesa tener casas». No, no tenemos duda. Lo que les interesa tener es dinero pero, después de lo que llevaran pagados estas familias en intereses, en capital, en comisión de apertura, en las costas judiciales que conlleva el desahucio (que van del 10% de la deuda a los 30.000€), después de que el banco finalmente se adjudica el piso por el 50% de lo que él mismo tasó como precio justo de la vivienda (60% desde este mes), resulta que la familia; aquella que está en la calle, sigue debiendo el piso. Tendrá que pagarlo porque «el deudor responde con todos sus bienes presentes y futuros». Si el propietario (llamado deudor por el banco), hasta ahora no podía asumir el pago de la cuota, ahora, como moroso al que ningún banco volverá a fiar y ninguna inmobiliaria le alquilará un piso, tendrá que asumir el empezar de nuevo, pero no de cero, sino de «menos lo que sea» que considere el banco que sigue debiendo. Y mientras, vemos en las noticias esas imágenes espantosas de furgones policiales, de decenas de agentes armados con cascos y escudos antidisturbios, con porras y rifles plantados en los portales de otras fincas (no muy distintas a ésta), dispuestos a proteger los intereses de la víctima… ¿Quién es la víctima? ¿A quién protegen? ¿A la familia; a los padres impotentes, a los niños indefensos? No. Al banco, para que el pobre pueda ver su sentencia cumplida y el piso, embargado.
La ciudad se nos está llenando de casas tristes. Ya no hace falta ser aquel matrimonio de recién casados de la película para sentir los fantasmas. Se sienten en las calles de Palma y en las páginas de los periódicos. Solo en Mallorca, la Cruz Roja calcula que el 38% de los «nuevos mendigos» se deben a personas que tras quedarse en el paro, perdieron su vivienda (diario de mallorca).

Podría llorar, perfectamente. Llorar muy alto y muy claro, pero no quiero. En lugar de eso, he cambiado de opinión completamente: Ahora no me basta con las cuatro paredes de esta casa. Ahora sí quiero cambiar mi barrio, y mi ciudad, y mi país porque no pueden seguir desahuciando y dejando en la calle FAMILIAS como si fueran delincuentes por haber sido víctimas del fracaso de un sistema que crearon otros que están a salvo en sus pisos, en sus chalés, o en sus castillos.

Quiero que la dación sea una opción pero, no la única. Quiero prórrogas estipuladas por contrato porque todos alguna vez en cuarenta años podemos necesitar una pausa, un cable; una mano a la espalda y no al cuello. Quiero que sea el propietario el de decidir si dice basta y devuelve la vivienda, pero si no lo hace, si prefiere seguir en SU casa, que siga. Quiero que la vivienda, que el hogar de una familia sea un bien inembargable porque, ya que de todos modos el banco va a cobrarlo, ya que de todos modos hay cientos de miles de pisos vacíos ¡que se lo queden! Creo que las casas son más que paredes que se compran y se venden; creo que las connotaciones emocionales del hogar en el que creces, que las condiciones psicológicas de los niños valen mucho más que todos los euribor del mundo. Quiero que el banco pueda quedarse con el piso si el propietario está de acuerdo pero, por un 90% del valor del piso, porque un 10% de beneficio (después de todos los beneficios que llevan obtenidos hasta la fecha) es un margen más que razonable y si el propietario lleva pagado más de ese valor, por descontado, que el banco abone la diferencia que toca. Quiero que esos costes del juicio los asuma el banco, o que el Estado cree una comisión al respecto y asignen abogados y procuradores de oficio. A una persona que está arruinada no se le cobran 30.000€ por «darle justicia». Quiero que el valor de tasación que se aplique sea uno nuevo y no el de la fecha en que se creó la hipoteca, porque si se ha revalorizado o devaluado la vivienda, lo justo es asumirlo ambas partes, pero basándose exactamente en los mismos baremos y, si la diferencia es notable, que se puedan exigir responsabilidades a las tasadoras porque, hemos de empezar a jugar limpio todos y a asumir todos nuestras responsabilidades. Y quiero ¡por supuesto que quiero! Que estas medidas sean retroactivas porque hay 300.000 familias a las que hay que compensar con urgencia por la terrible injusticia que se ha cometido.
Y eso es todo. No es mucho, ¿No? No. Aunque pueda ser un «mucho» para algunos que lo necesitan tanto… es solo lo justo. ¿Pido algo ilógico? ¿Pido algo terrible? Desde dentro de mi pecho creo que no y, de un tiempo a esta parte, mi pecho me merece más credibilidad y más respeto que aquellos que nos gobiernan. A saber… Quizá lo único que le pasa es que, un poco como a todos… le dan miedo los fantasmas.

crisis

Nota: Un día después de redactar este post, un matrimonio sevillano junto a sus 2 hijos de 9 y 4 años se han visto en la calle por una deuda de 20.000€ vídeo de la noticia
Y un mes después, recibo con una sonrisa la noticia de que los vecinos de este matrimonio sevillano han «ocupado» la casa. Ellos no. No van a incumplir la orden de desalojo así que desde la calle miran a los vecinos entrar en decenas por la ventana de la casa recién subastada y puesta a la venta por un 300% más. Los vecinos la limpian, la redecoran y se han comprometido a ocuparla a turnos hasta que la devuelvan a sus legítimos dueños. Dicen que no es un acto de generosidad. Que cualquier día ellos pueden ser los siguientes…

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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