Algo entre generosidad y ayuda


Pilar Ruiz Costa
He vuelto a asistir a un conocido discurso: el de “me encantaría dejarlo todo (aunque sea por un tiempo) y marcharme, qué sé yo: a África, a India… a algún lugar donde pueda ser de ayuda”. A pesar de la aparente generosidad que desprende cada letra, mi respuesta es siempre parecida: si alguien quiere ayudar, ayuda. Si alguien siente que necesita ayudar, no lo planifica, no lo pospone: ayuda. Por favor, no me confundáis; hay gente anónima y maravillosa que de un modo altruista entrega una parte de su vida a los demás, sin importar el tiempo, la distancia o las condiciones pero hablo de otros; de ésos que hablan del asunto como si fuera algo que “harán algún día. Pronto. Más adelante, ¡ay, si pudiera!”.
Pues les dejo una buena noticia: cuando quieres “ayudar” no necesitas en absoluto irte lejos. Basta con que estés atento a lo que ocurre a tu alrededor. Quizá alguien necesita que lo escuches o una sonrisa y te parece tan simple que lo confundes con poco, que sientes que no es ayuda pero, si una persona se sintiera escuchada y recibida con sonrisas por donde quiera que va, ¿no creéis que basta para amortiguar casi todos los golpes? Pensad en cambio en la ausencia de quien te escuche y te sonría sinceramente, ¿no son los ingredientes para acabar necesitado sino loco?
También creo (mucho) en las cadenas de favores que de tanto en tanto, de alguna sutil manera practicamos, como cuando sin más anuncio me presento en tu casa el día que preparas una mudanza, pintar el pasillo o sé que no vas a posponer más la limpieza a fondo de la cocina. Y si puedo, no me presento sola sino con 4 amigas y 2 botellas de vino, “pa cuando terminemos”. Creo que si ayudas a quienes tienes alrededor, es decir, a todos y cada uno de los que tienes alrededor, predicas con un ejemplo que es más válido que la ayuda puntual y que repercute en que de algún modo ellos pueden ayudar a quienes tienen alrededor, es decir; a todos y cada uno de los que tienen alrededor, ¿te das cuenta? Con que ayudes a tu comunidad de vecinos, salvas al mundo entero o… algo parecido. Por descontado esto sólo es válido cuando no lo haces una vez para calmar tu conciencia sino haces de esta generosidad un hábito. Otra de las citas favoritas de nuestro amigo Uri:

“Siembra un pensamiento y cosecharas un acto. Siembra un acto y recogerás un hábito. Siembra un hábito y cosecharas un carácter. Siembra un carácter y cosecharas un destino.” 

 
En uno de los capítulos del maravilloso libro “El buen Karma” de Josep López, se habla de los 3 níveles de la generosidad según Buda.
  • 1er Nivel: Generosidad miserable.
Consiste en dar cosas que no necesitas, como esos objetos que has acumulado en casa: regalos que no te gustan o cosas que compraste por impulso. Se trata de cosas que no sólo no utilizas sino que ocupan un espacio que podrías destinar a otras cosas Puedes regalarlas, por supuesto, y ese acto de dar es mejor que nada, pues tal vez resulten útiles a otras personas, pero esa acción de dar no supone verdadera generosidad.
  • 2º Nivel: Generosidad amistosa. 
Se da cuando compartes lo que tienes con otras personas. Es mejor que la anterior, pero ten cuidado con tu verdadera intención. Por ejemplo, si invitas a comer a un amigo, podría considerarse un acto generoso. Pero quizá tú esperabas que tu amigo contribuyera con un vino o un postre y te disgustas si no lo hace. O bien esperas que él te devuelva la invitación o como mínimo te agradezca el gesto, pero no lo hace y te enfadas. Analiza si tu invitación era verdaderamente generosa o esperabas algo, aunque solo fuera gratitud.
  • 3er Nivel: Generosidad excelsa. 
Es dar todo aquello que posees sin esperar nada a cambio. Dar por el simple placer de dar, no para recibir. Se trata de un tipo de generosidad difícil de poner en práctica de forma pura. Intenta recordar alguna ocasión en que creas haber dado de esta forma, ¿lo hiciste porque quisiste o porque creías que “debías” hacerlo? ¿No había en ti la más mínima expectativa de retorno? ¿Ni siquiera esperabas un “gracias” u otra muestra de gratitud?.
También tengo claro (yo, para mí y mi pequeña realidad) que no ayudo a quien no quiere ayuda. Parece obvio pero no lo es tanto en el día a día. A menudo jugamos a ser Dios y vemos todo lo que los demás podrían cambiar, mejorar y ahí estamos sacando punta con toda nuestra “sabiduría” incluso cuando nadie nos ha llamado y nadie nos quiere oír. No tiene porque existir mala intención (que a menudo sí, muy egoísta de sentirnos superiores a otros o hacerles ver que son inferiores) pero, está probado que dar flores a los cerdos no sirve. Es más, muchas veces desperdiciamos el verdadero aprendizaje individual de descubrir que solos no podemos, reconocer que necesitamos ayuda y abrirnos al maravilloso regalo de PEDIR ayuda. Una vez más, yo, para mí y mi pequeña realidad, prefiero estar atenta y, simplemente estar. Dejarle claro al otro que estoy para lo que me necesite, cerca y accesible. Respeto el crecimiento de cada uno y su derecho a equivocarse como quiero que se respete el mío. Solo permitiendo ese espacio además, el individuo puede darse cuenta de la ayuda que realmente necesita y no la que parece a menudo la fácil. Por eso no creo que en la mendicidad. Por eso creo que no hay que dar agua sino enseñar a construir un pozo. Por eso creo que la mayoría de las supuestas necesidades no son reales y la mayoría de las ayudas son desacertadas e incluso perjudiciales para quien las recibe y nuestra también supuesta buena intención no nos exime de la responsabilidad.
¿Puedo repetirme y recordaros la definición de necesidad para compararla en este contexto?
Necesidad: Especial riesgo o peligro que se padece, y en que se necesita pronto auxilio.
Ayudar: Auxiliar, socorrer.
Apoyar: Hacer que algo descanse sobre otra cosa.
Pareciera que la necesidad y la ayuda fueran un pez que se muerde la cola. Quizá romper este círculo vicioso, sería la mejor ayuda o mejor dicho, el mejor apoyo que podríamos dar a otro.Entradas relacionadas:
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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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