¿indignados? 6


NO indignado otro Post Data
No me gusta el término “Indignado”; es más, a estas alturas del partido: me indigna. Tampoco me gusta el otro término empleado en el mundo anglosajón “The Protester”. Hubiera preferido que se refiriesen a nosotros (porque me incluyo) por algún otro nombre más esperanzador y por descontado, positivo. Podrían denominarnos algo del tipo “los rebeldes”, “los que creen” (believers, en inglés, suena fabuloso), “los defensores de la democracia”… Cualquiera de ellos además, hace mucha más justicia al punto común entre personas tan distintas. Pero claro que no fue casual apodarnos con connotaciones negativas y además, que encierran tanto menosprecio hacia quienes dicen NO.
Aún no he logrado entender de dónde viene Perro Flauta. No lo había escuchado jamás antes de este año, pero me parece un insulto; no hablemos ya de Abuelo Flauta, ¿cómo se atreven?

Y sin embargo, la indignación, al igual que la ira, me parecen sentimientos muy sanos. Es más, casi os aconsejaría temer a quien permanezca impasible ante cualquier injusticia.
Eso es la indignación: el nacimiento de rabia, de ira hacia una situación intolerable. Es una alarma que nos enciende por dentro como única forma de evitar que te sigan golpeando: ¡la indignación te salva! Mirad si es un sentimiento sano, que es en realidad el motor que te lleva del NO a por lo que SÍ quieres; a defenderlo, o a buscarlo.
No tendríamos ninguno de los pocos privilegios que ves a tu alrededor en este llamado «Estado de Bienestar», logrados generación a generación, si no hubiera habido siempre valientes indignados. Ellos, fueron los percusores de que tuviéramos este legado y nuestro deber, lo miremos como lo miremos; no es sólo mantenerlo intacto, sino hacerlo crecer sano y fuerte para entregárselo a nuestros descendientes. Si dejamos que nos lo quiten, no solamente les estamos robando (sí, sí, también nosotros) lo que por derecho les pertenece sino, algo que me parece mucho más grave: estamos enseñando a nuestros hijos que todo vale, que se crucen de brazos y agachen la cabeza; que toleren, que obedezcan sin cuestionar y que enciendan la televisión. Cuándo tus hijos te pregunten qué está pasando en el mundo, ¿qué les contestarás? ¿Qué “yo no puedo hacer nada”? Entonces los estarás condenando a que ellos tampoco puedan nunca.
Ya he escrito mucho sobre la situación que nos ha tocado vivir; llámala crisis; llámala estafa… según el peldaño en el que te encuentres aún, y hacerlo, te lo juro, me desgasta. Es devastador, me agota como si hubiera corrido una maratón y sin embargo no puedo no hacerlo. No sé quedarme callada. La palabra, es de mis pocas herramientas, que no armas, porque yo no lucho contra nadie ni contra nada. Lo que es mío, es mío, pero quiero que me lo entreguen de forma pacífica porque es exactamente como lo merezco…
Como ya dije en otra ocasión, hoy aquí sólo tienes dos opciones: estar indignado o estar ciego y yo, todavía veo. Yo, que no sé de política, no sé de economía, ¡Qué voy a saber! Si en realidad sé de tan pocas cosas… Pero no me convencen ninguno de los argumentos que emplean para convencerme de que tenemos que recortar derechos y subir impuestos porque hay que rescatar a una banca mientras, se reparten millones entre los salarios, las comisiones, las indemnizaciones y las pensiones de sus directivos. No. A mí no me pueden decir a la cara que es una decisión tomada con equidad cuando el mismo político que la firma acaba al terminar su legislatura, trabajando como “asesor” por otro sueldo millonario. No es un rescate: es una estafa.
No, no me convencen de que esta crisis es la que nos lleva a los recortes, sino que, desde mis ojos ignorantes sigo viendo que son estos recortes los que nos están hundiendo cada vez más y más y más en una crisis y es un experimento global y cruel esperar a ver cuánto resistirá este pueblo. Y lo tengo muy claro, señores gobernantes: esta crisis no es culpa mía ni de ninguno de mis vecinos, porque jamás aspiramos a “vivir por encima de nuestras posibilidades” sólo porque hipotecamos la mitad de nuestro sueldo a 40 años para tener una vivienda sin prever que un día podríamos perder el empleo ¡todos! No, señores. Tener una vivienda es un derecho, independientemente de que sea en propiedad, en alquiler, o esté cedida por el estado a aquellos más desfavorecidos y si alguien ha especulado con este derecho, que se le juzgue como merece pero no se puede de ningún modo echar a una familia de su hogar porque ha perdido el modo de mantenerla. A esa familia hay que ayudarla y nunca, jamás, abandonarla en la calle. 

La educación y la sanidad son un derecho para todos. Punto y final. El mundo necesita del motor de la vocación y no se le puede negar a nadie porque no pueda pagar una matrícula, una cuota o un porcentaje. Si hay abusos que castiguen a quienes abusan, pero no a todos de manera indiscriminada. Es más, podrían empezar por arriba para dar ejemplo.
Nuestros ancianos han de contar con los medios suficientes para terminar sus días con seguridad y confort porque merecen dignidad y de igual modo, es responsabilidad del Estado garantizar esos medios a quienes temporalmente no puedan adquirirlos con sus propias manos. 
Las decisiones importantes, las que nos afectan a una mayoría deben ser decididas entre todos. No pueden decidirlas cuatro; algunos, a los que ni siquiera votamos y otros, a los que sí, pero que van absolutamente en contra de lo que nos prometieron que harían si salían elegidos. Eso es un fraude. Imagina que te compras un coche y cuando vas a recogerlo en el concesionario te encuentras un cerdo (con perdón para los cerdos) y alegan que “es que es la herencia que dejó el antiguo propietario y que además, es el vehículo que mereces.” No importa si estás en ese 4% del país que ha visto su situación mejorar desde que empezó la crisis (que nunca la calidad de vida porque eso engloba más que unos ingresos o unos bienes, que participes de la alegría de quienes te rodean), como si perteneces a la gran mayoría de víctimas de los poderes económicos. 
Lo sano, lo natural y lo único que puede mejorar el mundo es que con cada injusticia, te indignes y después, transmutes esa indignación en algo bueno. Y además ¿no te da miedo lo que pueda pasar si sigues callado cuando ya no te queden mejillas?
NO: Respuesta negativa. Expresa negación y también rechazo.
Basta: De bastar; tener suficiente. También interjección que se emplea para poner fin a algo.
Democracia: El gobierno del pueblo de demos; pueblo y krátos; gobierno o poder. Así pues, democracia es el sistema en el que el gobierno o poder es del pueblo y elige a sus dirigentes.
Política: Etimológicamente de politikós; «de los ciudadanos», que parece tener la raiz en polis; Estado y ethos; ética, modo de hacer las cosas. Es decir, se denomina política a la búsqueda constante de quienes erigen el poder por encontrar el mejor modo de hacer las cosas para los ciudadanos. 
Ética: Aunque primitivamente se denominaba así al “lugar donde se habita”, Aristóteles fue el primero en darle un nuevo sentido a la palabra para referirse a ella como un modo de hacer las cosas, como una manera de ser; tratando de referirse a que de algún modo “vivimos” (como si de una segunda morada se tratara), con aquellas actitudes y actos que forjan nuestro carácter. Es decir, ética es la construcción, la casa que hacemos de nosotros mismos.

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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