los años que no existieron 8


Hoy hace veinticinco años que me casé por primera vez. No me conservo en formol; simplemente era una niña. Tuve que pedir una emancipación en el Juzgado para hacerlo.

 

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Tenía quince años cuando dejé una nota en la mesita de noche de mis padres pidiéndoles perdón por la vergüenza que sabía que les iba a hacer pasar. Estaba embarazada y me iba; quería tener a mi hija.

 

Un escándalo en mi pequeña Ibiza. Mis propias compañeras del instituto me regalaron una cuna, pero ésa es una parte bonita de la historia y la que quiero contaros hoy es terrible: mi matrimonio.

 

Veinticinco años y sin embargo, la posibilidad de que, de no haberme divorciado, hubiera llegado a celebrar unas Bodas de Plata, no existe. Cuantos nos conocieron podrían dar fe de que, de no haberme ido, hace mucho tiempo que estaría muerta.

Estaba hace veinticinco años exactamente a punto de entrar a casarme en la Ermita de Moncada, en Valencia y no fue hasta esa noche; Noche de Bodas, en que me dio mi primera paliza. Yo estaba embarazada de siete meses y mi hija oprimiendo la vejiga me hacía ir cada media hora al baño, de modo que cuando llegó la tarta de bodas llena de velas en el convite, yo no estaba en la mesa. Ese fue el motivo. Me dijo que lo había humillado delante de toda su familia.

 

Son unos años absolutamente borrosos en mi memoria. Por supuesto: un mecanismo de supervivencia o los recuerdos pueden matarte al igual que un golpe.

 

No hace falta entrar en detalles escabrosos de torturas, violaciones y vejaciones. Los “pretextos para” fueron siempre dos: “quería más a nuestra hija que a él” o celos, celos lanzados como cuchillos hacia nadie en concreto. Íbamos a cruzar la calle y me preguntaba que quién iba en aquel autobús. Ni siquiera sabía a qué autobús se refería y ya empezaban los insultos. Me gritaba que confesara a quién había mirado. Aunque llorase y jurase que a nadie, no había nada que hacer… Después, con el tiempo, no hacía falta salir ni a la calle; “me conocía mejor que yo” y sabía cuánta lujuria desatada había dentro de mí y “le bastaba mirarme” para saber todo lo que estaba deseando hacer con otros. Y a gritos en la cocina me daba todos los detalles y lanzaba los platos y después me lanzaba a mí con nuestra pequeña hija en la mesa.

 

En este punto en que probablemente estáis entre dos de los pensamientos que más me encuentro cuando sale el tema del maltrato:

 

“¿Cómo puede una mujer dejarse maltratar?” y “No denunciaste?” Os digo primero que nadie “se deja maltratar”; es maltratado y el maltrato no es una paliza perdida entre muchas horas felices o, simplemente “normales”. El maltrato es continuo, veinticuatro horas al día en cada una de las parcelas de tu vida.

 

Puede empezar porque ya no vistes como vestirías, ya no hablas cómo y con quién hablarías o ya no te mueves como te moverías. Estás tan agotada psicológicamente (sí, sí, agotada porque el tiempo que el resto de la gente emplea en dormir y regenerarse tú lo empleas en sobrevivir) que negocias todo con tal de que no te peguen, o te insulten o… que lo hagan cuánto antes para poder descansar aunque sea un poquitito antes de irte a trabajar. Negocias que te lo haga a ti y no a tu hija, negocias que no te pegue en la cara, para que no te deje marcas que no puedes explicar y te despidan del trabajo por traer problemas. Por eso, si os cruzáis en el camino con una mujer que sospecháis que está siendo maltratada, no habléis con ella, no intentéis convencerla de lo que tiene o no tiene que hacer ¡sacadla! Alejadla un mes y no le preguntéis o esperéis que os cuente. Sólo dadle de comer, llevadla a caminar por la playa en silencio, bañadla o cepilladle el pelo hasta que asome por algún lado la mujer que antes era; la que en realidad es.

 

La segunda parte; la de “¿No denunciaste?” Por supuesto, sí. Una sola vez. Me tenía arrinconada en el suelo, pateándome la cara “para que ningún tío me volviera a mirar” y perdí el conocimiento.

 

Una amiga me llevó a urgencias. Me había causado un derrame cerebral y me había dejado ciega de un ojo. El médico que me atendía, sabiendo cómo funcionaba la burocracia me dijo que no me permitía volver a mi casa y que se me llevaba a la suya. Hombres así; ángeles, encontré algunos en el camino. Yo huía especialmente de ellos para que no los matara y creedme, sé con hechos de lo que era capaz mi marido. Así que hui del hospital pero fui a la policía y lo denuncié. Fueron a casa y se lo llevaron a la comisaría, le preguntaron y contestó que “sí, que me había pegado porque yo era su mujer”. Esa fue toda la razón que dio para hacerlo… Le mandaron a casa hasta que saliera el juicio ¡a la casa en la que yo estaba, ciega de golpes y tras haberlo denunciado! Así funcionaban las leyes hace veinticinco años. Por cierto, nunca me llamaron para ningún juicio…

 

Tiempo después me tiró del tejado de casa, con tan mala suerte (para él) que unos amigos suyos estaban llegando y lo presenciaron todo incrédulos. Fueron a buscar muchos más amigos y mientras me encerraron en un baño y me dijeron que no saliera escuchara lo que escuchara. Él gritaba y me decía su amenaza más común: “era yo quien iba a matarlos, porque él los mataría por mi culpa. Yo le obligaba a matarlos”. Yo era siempre “la que le obligaría” a todo aquello… “matar a mi familia”, “matar a mis amigos”, “matar a cualquier desconocido que él viese que me hablaba o simplemente, me miraba en cualquier circunstancia”… “violar a nuestra hija”.

 

Mi hija fue todo lo que me llevé de aquella casa aquel día. Sin embargo, por supuesto, las torturas no terminaron ahí, aunque ya nunca jamás pudo ponerme una mano encima. Sí siguieron las amenazas, el acoso para mí y cuantos me rodeaban; los compañeros de trabajo iban desapareciendo con disculpas tímidas. Sabía perfectamente porqué lo hacían… Me marché de Ibiza. Ése fue el motivo: me marché huyendo y si Mallorca no hubiera bastado me habría ido a otro lugar.

 

Hoy he vuelto a soñar con él. Fue la pesadilla que más me ha perseguido a lo largo de los años. ¿Sabéis que sueño? ¿Qué me pega, que me maltrata? No.

 

Sueño que me despierto y nunca me fui; sigo ahí. Es cuando he sabido qué día era hoy y que tenía que escribirlo. Ya estuve a punto de escribir hace poco, el 25 de noviembre porque era el Día Contra la Violencia de Género pero hubiera sido un post más bien “en contra de los días en contra” porque no encuentro que hacer una maratón en una ciudad sirva más que para que un político en chándal salga en portada. Porque puedo opinar y opino, y esas campañas con mujeres sangrando no les sirven a las mujeres que sangran como tampoco sirven las cifras de muertes.

Primero, porque no quieres ser “eso” y como no quieres, pierdes la capacidad de verte relacionada en esas caras o esas lápidas. Creo mucho más que han de verse historias de después: de las que hemos salido y nos hemos reconstruido en otro lugar porque con otra vida en otro lugar sí sueñas. De hecho, el único hilo de vida que te queda es esa esperanza. También creo que hay que potenciar que seamos los otros; los de fuera, los de detectar las señales y actuar porque somos un equipo, porque todos en un momento dado podemos encontrarnos perdidos y es preciso (y precioso) saber que habrá otros que vengan puntualmente a rescatarte.

 

De todos modos, aunque intenté escribir ese Día Contra la Violencia de Género… no pudieron mis dedos. Hoy, ya veis; no podían no hacerlo.

 

Sé que muchos de los que me conocéis y me queréis, estaréis desconcertados con esta historia; preguntándoos incluso si de verdad todo eso me pasó a mí. No, claro que no.

 

Esa no fui yo nunca. Yo soy de verdad la que veis ahora. La que os sonríe desde hace tantos, tantos años. Hubo unos años en que no existí. Te difuminas hasta llegar a límites en que podrías desaparecer, pero ¿sabéis qué? Que incluso si desapareces entonces, si eres un titular del telediario de “la mujer fallecida por violencia de género número 102 en lo que va de año”, tampoco eras tú, pero como yo no quiero borrarme, permitidme la licencia de decir que fueron esos años y no yo, los que no existieron.

 

 


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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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8 Comentarios en “los años que no existieron

  • Cristina

    Pilar, eres una mujer extraordinaria y muy valiente, muchas gracias por compartir estas terribles experiencias que tantas mujeres sufren sin ver una salida. Tus palabras son una gran ayuda para muchas mujeres atrapadas, y son la muestra de que del maltrato se puede salir. Coincido contigo en que es muy importante difundir historias de mujeres que han rehecho su vida y que han dejado atrás a sus torturadores. Y también tienes mucha razón en que todos debemos ser militantes y estar siempre alerta para tender la mano a mujeres que no saben cómo salir de su infierno.
    Soy Cristina, fui compañera tuya en el instituto. Un beso muy fuerte

  • Anónimo

    No se por que pasan estas cosas, me tope con tu post por casualidad, tratando de buscar alguna respuesta a lo que me esta pasando, si, en estos momentos de mi vida me estoy dejando que me pase algo así, pero con violencia psicología nose que hacer ni a quien recurrir, siempre el hace que lo me sienta culpable por lo que fuy una vez, no se por que escribo esto, es mi primera vez, sera por que me gustaron tus palabras tu fuerza para salir adelante, yo no se como hacerlo….

    • admin Autor

      Hola, cariño. Me alegro mucho de que tu búsqueda de trajera hasta aquí. La verdad ¡me alegro de tu búsqueda! Porque eso es que no es que "vayas a salir"; es que estás saliendo.
      "Lo que fuiste una vez" es lo que te llevó al momento exacto en que estás ahora así que lo que fuiste es, como lo que eres: perfecta.
      Has de estar donde y con quien te sientas bien. En tu cuerpo están todas las respuestas que buscas… Nadie "te va a hacer" estar bien o mal, de ti depende.

      Oímos tantas veces que "tal persona es mi vida" que acabamos creyéndolo ciegamente pero no… Ni tus hijos, ni tus padres: tu vida es tu vida y habrá muchas personas en ella. Algunas para muchos, muchísimos años; otras durarán un instante. Cuando descubráis que no os hacéis bien, que debéis seguir vuestro camino, habrá llegado el momento de dejarlo y quien te ame, lo que querrá de ti es verte creciendo, verte bien.

      Créeme que pasé muchas noches llorando deseando con todas mis fuerzas que "esto no fuera real", "dormirme y despertarme en algún otro lugar dentro de mucho tiempo" ¿y sabes qué? No somos marionetas en manos de nada ni de nadie. El futuro no es lo que te va a pasar, sino lo que vas a hacer.

      Me dices que no sabes a quien recurrir y estoy convencida de que tienes mucha, mucha más gente dispuesta a ayudarte, en la que apoyarte, de la que puedas ver ahora mismo.

      Espero que leas esto. Contesta, escribe siempre que quieras y si prefieres hazlo en privado a mi email: otropostdata@gmail.com y si quieres, me das tu teléfono y hablamos.

      Y, por favor, cuando "lo hayas hecho", escríbenos de vuelta, que en este blog vas a dejar a muchas personas pendientes de saber cómo estás y de aprender de ti.

      UN BESO,
      Pilar

    • Anónimo

      Muchas gracias por tus palabras, esperaba desde el fondo de mi alma que me respondieran que me dijeran lo que tu me has dicho, no me quiero hundir quiero salir adelante como lo vengo haciendo durante todos estos años de llorar en la noche antes de llegar a casa… te escribiré para contarte que paso, y así saber que podemos ayudar a mas personas como tu me estas ayudando a mi…. muchas gracias!!!

  • dolega

    Un enorme aplauso por la valentía de contarlo.
    Y te doy toda la razón.
    Lo que necesita la sociedad son historias de personas como tú. De seres fuertes y valientes que han escapado de las garras del dolor.
    Saludos

    • admin Autor

      Muchas gracias, Dolega. ¿Sabes? En realidad contarlo no me cuesta. Siempre he dicho que soy un libro abierto para quien lo quiera leer; quiero decir, que lo digo incluso mucho antes de publicarlo incluso en la red. Y claro que estoy convencida de que hay que equilibrar la balanza. Hoy ha vuelto a aparecer una mujer de 28 años muerta acuchillada. Su pareja ha confesado. Ella denunció, pero retiró la denuncia. Incluso se celebró el juicio, pero ninguno de los dos declaró ¿y ya está? ¿Nadie debía investigar, aunque fuera un poco? ¿Hacer un seguimiento durante un tiempo? Quizá con que hubieran hablado con un psicólogo por separado, éste habría detectado señales y esta mujer hoy no habría salido en el telediario en una bolsa de plástico entre las lágrimas de sus vecinos…

      Y sí, estoy convencida. Cuando te maltratan no quieres ver esa bolsa; no quieres ser esa mujer, quieres ser la que sale, la que vive feliz en algún otro lugar.

      Muchas gracias por tu visita, Dolega. Me consta que eres además, una gran contadora de historias. Un abrazo,

  • Marilin C.

    Ni en toda una vida podré llegar siquiera a imaginar lo que sufriste, Pilar, ni tampoco entender qué le pasa por la cabeza a una persona cuando apalea a quien debería proteger y amar más que a nadie. Lo que sí puedo decirte es enhorabuena, y gracias, porque seguro que eres, y serás, la inspiración de much@s.

    • admin Autor

      Ni falta que hace entender al que maltrata. Ojalá tengas razón y mis palabras sirvan aunque sea un poco, alguna vez a alguien… Por eso escribo (también).

      Gracias por tus palabras, por leerme y por favor, vuelve cuando quieras. Estás en tu casa.