una ibicenca en Ibiza 8


Ibiza casco antiguo Dalt Vila
Soy una ibicenca, pero no como otras que hayas podido conocer; ibicencas en Ibiza. No. Yo soy una ibicenca del mundo ¡me encanta presentarme así! Pero aunque nunca he sido capaz de verme como uno de esos de mis muchos paisanos que echan raíces para no moverse jamás, la verdad es que la isla tiene como un resorte, como un muelle que te trae de vuelta no importa el impulso que hayas tomado en cualquier otra dirección. 

De algún modo, la isla y yo somos viejas conocidas; como parientes… ¿recordáis aquello que dicen de que los amigos (y las parejas) las escoges, pero los parientes son los que te tocan? Pues la cuestión es que a los amigos los puedes mandar a la mierda y desaparecen tan pronto como vinieron y en cambio a los parientes, los tratas siempre con mucha más paciencia. Esa paciencia me la demuestra a mí la isla y caray, también yo a ella cada vez que vuelvo en alguna de mis visitas regulares en  la que siempre, siempre encuentro algún reproche que hacerle, “¿cómo has podido dejarte construir así?“
Mis visitas están repartidas básicamente en dos categorías: los susodichos y muchos, muchos parientes y el trabajo. Los asuntos del negocio en cuestión pueden ser variables pero el ocio y la familia, son absolutamente inevitables. Levantas una piedra y ahí está sonriendo puntualmente alguien de la basta saga de los C’an Soldat* a los que pertenezco y creedme, de algún modo, se nos nota hasta al caminar.
Ha sido la tentativa de una oferta de empleo lo que me ha llevado allí estos días. La tercera en realidad, en pocos meses aunque por dos veces no me he dejado convencer. Pero insiste, insiste, como si la isla estuviera empeñada en recoger a todos sus hijos desperdigados, “¿y por qué no?” Pienso para mis adentros mientras surco esas horrorosas carreteras que cruzan rectas y artificiales unos campos que sí reconozco: montículos de tierra que dibujan jorobas en el horizonte, llenos de pinos, sabinas, olivos, almendros, parras y chumberas. “¿Y por qué no?” Vuelvo a pensar cuando me cruzo con una lagartija que reconozco de cuando era niña y tal como se vuelve hacia mí casi juraría que también me reconoce a mí y si la miro de cerca podría leer en sus labios “¿y por qué no?”
“¿Y por qué no?” Me pregunto y rápidamente me contesto “ vale pero ¿y por qué sí?” Si sé que en el pasado me ha dado tanta pereza encontrarme conocidos en cada esquina. No tengo nada ni nadie de quien esconderme, pero de vez en cuando, yo, que soy un animal social (imaginaos que además de Contadora de Historias soy Relaciones Públicas), necesito el anonimato y el silencio y curiosamente, la isla de la paz, la isla de la calma, a mí, me agota un poco… 
También me recuerdo lo que me desesperaba cruzarme con víctimas de la apatía. En Ibiza mucha gente trabaja por temporada: antaño de seis meses, pero ahora con suerte rondando los cuatro, y el resto del largo invierno, no hacen nada, nada, nada y no sólo me ha resultado imposible en toda mi vida ponerlo en práctica; es que además, me desespera el simple hecho de tenerlo enfrente, pero ahora, esta apatía se está apoderando merecidamente de todo el país.
¿Y lo de los proyectos? Ay, los proyectos, los proyectos… esos fueron, como el amor,  el motor que me movió siempre, ¿cómo ponerle límites? Si eran interesantes pero… ¡en Tokio! Pues mejor: de paso conocíamos Tokio.
“¿Y por qué no?” Me pregunto mientras paseo indistintamente por las callejuelas encaladas de Dalt Vila o por los caballones de patatas y calabacines del huerto de mis padres y ahí descubro, ¡tonta de mí! Que no era yo sino Ibiza quien me preguntaba una y otra vez que porqué no volvía aunque fuera un poco a casa. La miro frente a frente y la siento pidiéndome algo, no sé qué, no sé aún porqué, pero sí sé que quiere que me quede un tiempo y creo, creo… que lo haré. ¿Y tú, vendrás a visitarnos?
*Las familias ibicencas se definen en sus orígenes por las casas a las que pertenecían. Muchas de ellas (como la mía) esconden una fantástica historia. En Ibiza, Fulanito no es sólo Fulanito Costa, Ribas, Tur, Marí o Planells, sino que además llevo consigo siempre la coletilla «soy de C’an… on sigui» y ese C’an es lo que te acaba definiendo y nutre las conversaciones y aumenta las historias porque resulta y sino haz la prueba, que te contestarán «Pues yo conocí a tu abuelo» o, «Tu bisabuelo hizo la mili con el mío» o «mi abuela me contó que una vez le ganó tu abuelo a un primo segundo nuestro de Santa Gertrudis un burro en una partida de cartas». Ibiza es así…
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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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8 Comentarios en “una ibicenca en Ibiza

  • NationV

    Enzimasmadre
    Cuando vivía en la Isla por trabajo no hace mucho, me encantaba ir por ejemplo a Benirrás pero no en Domingo de tambores, uff que mareo, sinó a tumbarme en el bosque con una jarapa de 3 x 3 con fruta pan, cosas y mucha agua. A veces con alguna querida y era más eterno el momento. Me estiraba por completo boca arriba con las extremidades máxima apertura y me dejaba levitar con el sonido de las cigarras cantando hasta rebentar atrayendo a las hembras y el olor a resina y calor húmedo.
    Que siestas, las más placenteras.

    Después cogía mis hand paddle trainning swim y unas buenas gafas y nadaba y nadaba hasta el islote. Lo escalaba hasta el punto más alto y contemplaba todo. Bajaba los párpados y me iba a cualquier sitio o momento y recordaba lo que sea. Habia que bajar luego (no lo recomiendo es muy jodidillo de espaldas). Cavilando y cavilando mucho lograba encontrar el punto pico exacto de valentía y me lanzaba mirando al frente. En xarraca lo mismo pero más facil acceso al islote. Esas cosas muchas muchas más siempre estarán en el mismo lugar y de la misma manera. Uno de mis lugares preferidos. El territorio de urbanización isla blanca. Muchos días no hablaba en todo el día. Sólo observaba todo aquello. Susurrar el momento pues sí. Yo sonreía todo el tiempo allí.

  • Macondo

    Qué cara vendes tu presencia últimamente, Pilarcica, guapa. Llegué a pensar que ya no nos querías, snif.
    Ahora ya estoy mejor, pero tuve que recurrir a la metadona. Que lo sepas.

    • admin Autor

      Uy, Sr Macondo, y usted porque ha esperado pacientemente a que volviera porque no quiero señalar pero hay por ahí quien incluso me escribió emails a ver qué pasaba que no estaba escribiendo ¡me encanta!!! No he escrito por la única razón posible: estaba lejos de un ordenador. Anda que cuando tengo un ordenador a mano, tardo en contar alguna historia. No se me queje, Sr Macondo, que ya he dejado otra, así en menos de 24 horas 😉

      P.D. Pero me siento muy dichosa (o como digo en el nuevo post: me llena de orgullo y satisfacción) que Usted me eche en falta.

      otro P.D. ¿Metadona?!!! Si deber ser dificilísimo de combinar eso…

    • Territorio sin dueño

      Hola Macondo! Todos por aquí eh! Tendré que dejar de escribir a ver si me dices cosas tan bonitas como a Pilar.
      Un beso para ti

    • Macondo

      Dios nos cría y nosotros nos juntamos.
      Será que a ti no te digo cosas bonitas, celosona. Ya sabéis que os quiero (a la par que os admiro) a las dos igual.
      Besos.

  • Territorio sin dueño

    Quédate, y tomátelo como el regreso de la hija pródiga, eso sí, te recomiendo gafas de sol de estrella televisiva, cambio de look y práctica en el regateo de aceras para evitar según que encuentros.
    Por lo que cuentas la Ibiza que para otros es paraíso de de desmadres, para ti es un pequeño pueblo, y eso si me lo conozco. Yo, que al contrario que tú me defino como antisocial, necesito el anonimato continuo, y en los pueblos son mu cansinos, y conseguir sacarse de encima la sensación de que todo el mundo cree que te conoce es complicado.
    Besos y suerte!

    • admin Autor

      Ey, la verdad es que lo de que para unos es desmadre, para otro es un pueblo pequeño, acabará inevitablemente en un post. La de veces que he oído lo de "Ibiza es muy abierto, todos se mezclan con todos; todo se acepta" y contesto "sí, claro, preséntate en casa de tus padres con un jamaicano con rastas y un porro en cada mano y preséntalo como tu novio diciendo 'mamá, que he visto la luz y me voy a recorrer mundo a encontrarme a mí misma' y verás qué colleja te llevas; te encuentras sola". Que no, que no, que todo es relativo, que cada uno en su casa y Dios en la de todos y todas esas cosas… ¡Y tú aclárate! ¿Te gusta o no te gusta vivir en un pueblo? Y mientras lo piensas, que sea en voz alta, así como con times new roman en un post 😉 ¡Guapa!

    • Territorio sin dueño

      Nena! que voy sin inspiración estos días! todo sea que me hayas salvado la vida, o al menos, el próximo post, que estoy de secano.
      Un beso.