Tramoyista


Tramoyista o esas cosas que no se ven en un teatro, otro Post Data

Estos días, hablando con personajes del mundo de la farándula, gente bien de todas todas, un guapo actor me comentó mientras cenábamos (y brindábamos por los éxitos tras el estreno) que sería maravilloso ir una semana a Londres, solo para ir al teatro, todos los días.

Me sorprendió porque nunca lo había hecho. Yo en cambio, le conté que, años ha, había ido en varias ocasiones. Mi memoria va por libre, pero como 3, 4, quizá 5 de estos viajes míos a Londres han sido sola, una semana, 10 días para ir al teatro todos los días. Y aquí siempre añado: “Excepto los lunes, porque por aquel entonces, el lunes era sagrado”. Por aquellos entonces, Barcelona y Madrid apenas existían como una opción y a mí, el teatro, siempre me ha gustado mucho.

Una vez mi hijo Mario, en plena adolescencia, me dijo que creía que nadie de su edad habría ido tanto al teatro como él y, tras pensarlo, le respondí que probablemente tenía razón.

Yo trabajaba produciendo espectáculos, teatro y conciertos. Y los llevaba siempre que podía. Y “teníamos” nuestro propio palco al que corrían por las escaleras del auditorio que mis hijos conocían de memoria.

Y aún tenía otro juego más con ellos… El primero que, una vez sentados, pronunciaba la palabra “tramoyista” elegía dónde íbamos a cenar tras el espectáculo. Era uno de esos pactos “para siempre”, de modo que no hacía falta recordar el vigor o las reglas. Hablábamos de cualquier otra cosa mientras entrábamos y ya una vez sentados, esa panda de pirados empezaban a gritar: “¡Tramoyista, tramoyista, tramoyista!” y después ya a pelear entre ellos jurando, cada uno, que había sido el primero.

Es que coincidían muchos factores bajo un mismo telón: que me gusta el teatro, que me gustan mis hijos y que me gustan las palabras y “tramoya” era una gran ausente de las conversaciones del resto de adolescentes. Ahora no, ahora se han sacado de la manga un “backstage” que usan como coletilla para casi todo y un “tramoyista”, aquel maravilloso personaje casi invisible, siempre vestido de negro, será un “operator” del montón.

En fin, que subo a un escenario y me encantan sus tripas. Me encanta todo lo que “no se ve” y que es tan importante como el protagonista que dará el do de pecho y acaparará todos los aplausos y, como me gusta mucho, pero que mucho mucho… Quería traeros un pedacito de este otro cielo. Que no se ve, pero está. Que está aunque no se ve.


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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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