Brotaron raíces 2


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Ahí lo tenía, frente a mí, cantando “déjame esta noche soñar contigo” y creo que hasta Zenet ha notado que me echaba a temblar. Me han preguntado cómo le conocí y he contestado la verdad (y qué otra cosa podía decir), que fue precisamente por esa canción que me envió el que se convirtió en el amor de mi vida.

Con semejante titular, han querido indagar más en la historia (y que más podía hacer que compartirla, aún con el alma vulnerable) y he contado que recién llegada conocí a Carlos en un concierto. Que se enamoró nada más verme y me dijo que tendría un hijo conmigo, ese mismo día. Y era verdad. Los pocos que le conocéis sabéis que es cierto. Quiso algo mío de recuerdo y a falta de otra cosa, le regalé el bolígrafo que me había acompañado por medio mundo. Él me dejó anotado en un cartón de una cajetilla de tabaco su biografía y hasta una descripción de sus calcetines, no fuera a ser que lo olvidara… Dos días aguantó sin dar señales y lo hizo enviándome una foto de un poema que me había escrito con aquel bolígrafo trotamundos y supe que ese hombre era un peligro.

Quedamos y estuvo torpe y encantador y ahí supe que ese hombre era inocuo. A la mañana siguiente me llamó para verme con urgencia. Tenía que contarme algo: Era feliz porque existo. Se acababa de dar cuenta de que, hasta entonces, no lo era, pero ahora sí, porque estoy, porque soy.

Supongo que a estas alturas, ya la mitad le amáis… Aunque sea un poco. Yo aún tardé dos meses. Lo contuve argumentando que no estaba hecha para tener pareja. Que era nómada y una relación implicaba quedarse y yo nunca me había quedado en ningún sitio. Me mintió y dijo que aceptaba el trato, pero una mañana amanecí con una declaración de amor absolutamente pública. Donde todo el mundo lo viera y lo supiera por siempre. Decía que mi amor vivía dentro de él y que con la misma magia que yo había llegado a su vida, sabía que me tendría desayunando a su lado. Lo acompañaba de esta canción que me ha cantado mil veces, a los gritos, y que se convirtió en nuestra banda sonora.

También cada vez que me llevaba de la mano a todas partes: con su familia, pronto nuestra; con sus compañeros de trabajo, con sus antiguos compañeros de colegio, con sus socios, con su jefe… y él resumía en: “Déjame presumir de ti un poquito”.

También cuando quería “un montón de fotos nuestras” publicadas en todas partes, que se las regalásemos a Carmena para que nos usara en las campañas promocionales porque “no había una pareja más bonita en todo Madrid”. Y quizá hasta tuviera razón.

Me encontré aquella declaración y la leí muchas veces. Escuché a Zenet por primera vez, cantando en boca de aquel insensato: “Si algún día diera con la manera de hacerte mía, siempre yo te amaría, como si fuera siempre ese día”. Desperté a Pi, que estaba de visita. Yo estaba temblando y no sabía qué hacer. Le contaba que quizá lo mejor era ni contestarle, no volver a verle ni hablarle más. Ella respondió adormilada que mejor probara, por una vez, a dejarme querer… Le llamé y le dije bastante seria que teníamos que hablar y quedamos. Yo intentaba razonar con aquel hombre irrazonable.

Esa tarde nuestros labios se acercaron por primera vez. Él cuenta que me besó, pero es mentira. Su boca se quedó apoyada en la mía y pasó media hora, simplemente, respirándome. Y así, de repente, sin más… De mis pies no, pero en mi corazón… Brotaron raíces.



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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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2 Comentarios en “Brotaron raíces

  • Sandra

    Escribes muy bonito. Hay ternura. Eres transparente. Gracias por compartir con todos una historia de amor. Me encantaría poder ver la que Carlos escribió para que lo viera todo el mundo y estuviera por siempre. Seguro que era también maravillosa. Enhorabuena a los dos.