Dos hombres que se besan


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A la derecha de Ebertstrasse, en Berlín, está el imponente mausoleo en conmemoración a los judíos asesinados en el Holocausto. A poco más de 200 metros, a la izquierda y mucho más discreto, hay un monumento en recuerdo a otras víctimas: los homosexuales.

Más de 54.000 sentencias condenatorias a castración, prisión y hasta pena de muerte en campos de concentración entre 1933 y 1945 basándose en el artículo 175 del código penal sobre “actividades indecentes criminales entre hombres” que ampliaron a “cualquier acto interpretado como homosexual, incluyendo de intención o pensamiento”.

Las cifras de aquellas “listas rosas” son poco claras, si bien se sabe que se cebaron mucho más en los hombres que en mujeres, puesto que ellas aún “podían gestar hijos para la causa” y un hombre homosexual era claramente un estorbo.

El artículo se mantuvo vigente hasta 1969 y se estima que aún hubo alrededor de 64.000 procesos penales más hasta 1994.

Ya he hablado en alguna ocasión de que Berlín me encanta por muchos motivos y uno de ellos es que, lejos de esconder la basura bajo la alfombra, la saca a la luz, conscientes de que “recordar” puede ser la mejor vacuna para que ciertos capítulos de la historia, no se repitan. También ayudó que contaran con el primer alcalde visiblemente gay, Wowereit, popular en su campaña por su: “Queridos y queridas camaradas, sí, soy homosexual y así estoy bien”. Pero quiero volver al monumento. Apenas una columna de hormigón, fría e insulsa con una mínima ventana. Cuando uno se asoma en ella todo lo que ve es un vídeo de dos hombres que se besan. Sin pausa. Se besan. Para que el que quiera verlo, mire, y el que no, no.

Todos conocemos la bandera del arcoíris pero hay un segundo símbolo emblema del “orgullo”: un triángulo rosa invertido, que no es otra cosa que la marca que llevaban cosida los presos homosexuales en los campos de concentración para poder distinguirlos.

En fin, que ya os decía ayer que uno puede pasear (hasta por un Orgullo) y ver pocas cosas. O muchas. Como en todo en la vida, ¿verdad? Qué suerte…


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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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