Recordando a Miguel


Compartir: Email to someoneShare on FacebookGoogle+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on Pinterest

 

Etimológicamente, la palabra monumento viene del latín “monumentun” que bien podría definirse como el medio para el recuerdo (o la memoria). Y es que, como bien dicen Miguel Calvo y Carlos Beltrán, “que no se olvide y que se recuerde (que no es exactamente lo mismo)” refiriéndose en este caso, a la figura de Miguel de la Quadra-Salcedo.

 

Junto a ellos viajan, en esta cápsula del tiempo, la Asociación de Estadísticos de Atletismo de España, la Universidad Complutense de Madrid y el escultor Víctor Ochoa con el sueño compartido, ya veis, de que viva en la memoria de todos, en un proyecto denominado #RecordandoaMiguel; una estatua para Miguel de la Quadra-Salcedo.


 
Aunque los más jóvenes lo conocen como una gran figura televisiva y aún más grande aventurero, Miguel fue también maestro, escritor, ballenero y hasta domador de circo, pero antes de todo eso… atleta.
 
Fue uno de los mejores deportistas de nuestra historia. A pesar de que colgó muy pronto los hábitos deportivos, ya contaba con 14 récords y 15 títulos nacionales de lanzamiento de peso, disco y martillo, pero fue con la jabalina con lo que pudo pasar a la historia mundial del deporte al lograr en 1956 los 112 metros. 20 más que el récord de la época, en lo que él denominó “estilo español” y que consistía en una serie de giros como adaptación de la barra vasca. Sin embargo, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo no homologó su marca al considerarla “peligrosa” por el riesgo de que pudiera alcanzar al público, privando a Miguel de convertirse en el primer plusmarquista mundial español.
 
Recordando a Miguel, Miguel de la Quadra Salcedo
 
Poco después, en 1960, ya con su título de ingeniero agrónomo, viajó por primera vez al Amazonas donde, mientras trabajaba para el Gobierno  colombiano realizando un estudio etnobotánico en la selva, hizo acopio de un valioso material fotográfico, que a su vuelta a España, en 1963, le abriría las puertas a trabajar en Televisión Española.
 
Miguel se convirtió en uno de los grandes reporteros de Televisión Española en los años 60, 70 y 80. Estuvo en la guerra civil del Congo (donde salvó milagrosamente la vida tras ser condenado a muerte por filmar el fusilamiento de 300 prisioneros), estuvo en la guerra de Vietnam y en el derrocamiento de Salvador Allende, vivió con los indígenas de la Amazonia; entrevistó a personajes tan relevantes como Salvador Allende, el Dalai Lama, Indira Gandhi o Pablo Neruda, para pasar a hacerse cargo de programas de divulgación como la Ruta del Tesoro y finalmente lanzó Aventura 92, con el apoyo del rey Juan Carlos; un proyecto que luego se convertiría en la Ruta Quetzal y que él describía como “más que un viaje, una expedición iniciática, ilustrada y científica en la que se mezclan la educación en valores, la cultura y la aventura.”
 
Nunca dejaron de apasionarle las aventuras de Julio Verne y Emilio Salgari, entre otros, que tanto devoró de niño. Su madre le apagaba la luz y él continuaba leyendo a escondidas con una linterna. Como bien explica su nieto Alvar, “tiene tanto, tanto que decir que tendrías que estar años escuchándole todos los días, las veinticuatro horas, que no hay tiempo físico para escuchar todo lo que tiene por contar”.
 
Yo tuve el privilegio de conocerle (hace tantos años que ni me acuerdo), en una conferencia que organizamos en Mallorca. Por primera vez vi como se saltaban los límites de aforo en el Teatro de la Prensa. Tanta era la gente que quería verlo que cuando se llenaron las butacas, se accedió a que la gente se sentara en el suelo de los pasillos hasta que tampoco ahí quedó espacio para nadie más y aún siguió acumulándose público fuera de la sala.
 
Nadie se movió de sus sitios aunque Miguel llegó tarde. Se disculpó diciendo que lamentaba “el plantón” pero que no era capaz de recordar la última vez que había dormido en una cama y quedó tan absorbido por la del hotel, que olvidó además todos sus apuntes y el guión de lo que iba a ser su conferencia.
 
De modo que Miguel de la Quadra-Salcedo hizo lo que tan bien sabía hacer que era aventurarse e improvisar. Nos mostró incontables fotografías y nos contó de aquel primer viaje de Marisol, su mujer durante más de 50 años, al Amazonas. Cuando los indígenas descubrieron toda aquella colección de botes de cremas y ungüentos para la cara, los abrieron y al olerlos, se los comieron. También hicieron cola para poder pasarse las plantas de aquellos pies tan finos por la cara y decían maravillados que “parecían manos”.
 
Traía consigo unos mapas antiquísimos de valor incalculable que dejó sin ningún tipo de reparo al alcance de toda aquella marabunta de gente que se repartía en curiosearlos y hacerse fotografías con él. Era yo la única que sufría corriendo de lado a lado para que nada les sucediera. Era encantador en extremo y con un carisma que he visto muy pocas veces más.
 
Por eso, si me preguntan si a Miguel de la Quadra-Salcedo hay que recordarle (que no es lo mismo que no olvidarle), si me preguntan si merece un monumento, mi respuesta, rotunda, sería un NO. Merece muchos. Pero está muy bien que el primero sea donde toda su historia empezó. En aquellas pistas de tierra de la Universidad Complutense de Madrid que fuera testigo de aquellos primeros lanzamientos de peso, disco y martillo; donde practicara aquellos peligrosos giros de jabalina al “estilo español”.
 
Y este proyecto no será posible sin la ayuda aún de muchos. Con colaboraciones desde los 20€ y hasta el infinito, con cada una de las cuales podrás ser parte activa de esta campaña: compartiendo imágenes, fotografías o incluso una bolsa de arena de algún lugar en el que Miguel haya estado, ayudando a elegir la frase que acompañará la escultura…
 
Y en esta aventura se embarcan ya, además de Miguel Calvo y Carlos Beltrán, la Asociación de Estadísticos de Atletismo de España, la Universidad Complutense de Madrid y el escultor Víctor Ochoa, más de cien mecenas (entre los que orgullosamente me incluso), pero aún faltan muchos granitos de arena más para que veamos la cara de Miguel, mirando hacia el oeste, hacia la Isla de Pascua, hacia el continente americano, pero ahora… por siempre.
 
Toda la información en: #RecordandoaMiguel; una estatua para Miguel de la Quadra-Salcedo. 
 


Creí que era una aventura y en realidad era la vida.”

Joseph Conrad

 

“El viaje que no ha dejado huella en el corazón, jamás fue un viaje.”

Anónimo

 

“La mayor y más emocionante expedición que podemos realizar es hacia dentro de uno mismo.”

Miguel de la Quadra Salcedo


Entradas relacionadas:

 


Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

otro Post Data, el blog de Pilar Ruiz Costa

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *