A propósito del amor y del amor 6


beso amorHola. Tengo que contaros algo:

Todos buscáis amor. No es una patraña o peor aún: una cursilería. Tampoco es una mentira (qué horror).

Lo sé precisamente porque me lo habéis contado. Quizá no todos y cada uno de vosotros pero sí el estrato suficiente de solteros, separados escarmentados, malemparejados y otros especímenes, distintos en profesiones, tamaños, edades y hasta en género pero los suficientes como para formular la siguiente teoría: tooodos buscáis amor.

La escena es siempre parecida: nos encontramos de un modo pactado o no (llámese cita) y tras una cena o una copa en la que inevitablemente nos contamos «lo nuestro»: trabajo, niñez, aficiones, viajes, estado civil, batallas anteriores de las que salimos por patas, lo que queremos y no queremos de la vida y al final… el peso importante de la conversación cae con mucha, mucha, mucha frecuencia en el amor.
«Yo lo que quiero es encontrar alguien que de verdad me quiera, a quien cuidar, con quien compartir. No que todo sea perfecto, pero que de verdad, de verdad, me quiera. Quiero enamorarme».
Las chicas nacemos con este chip más adosado al cuero cabelludo. Vale, luego nos educan siguiendo este formato en que las relaciones sin amor son caca pero en el fondo, ¿no nos otorga eso un puntito de sabiduría antes que a vosotros? ¡Si el AMOR (con mayúsculas) es el motor que mueve el mundo!
Vosotros que maduráis algo más tarde (por favor, recordad vuestros cambios de voz y genitales 2, 3 años por detrás de esos fantásticos pechitos de las niñas de la escuela que tanto os gustaban y que no os hacían ni caso). Alcanzáis este conocimiento de media entre los 25 y los 45. Ya si para entonces no os lo habéis planteado, hacéroslo mirar pero probablemente, estéis condenados a una vida llana y gris.
Quizá el detonante aparezcan disfrazadas en lo que veréis como simples coincidencias, tal vez tras experiencias vitales drásticas como una ruptura tortuosa, una rutina insulsa, una soledad que de repente se antoja insoportable, una enfermedad, la muerte de alguien cercano y ahí arranca un enamoramiento que os pilla por sorpresa y que no se puede (y jamás jamás se debería) parar.

No os equivoquéis. Esa búsqueda que explota de vuestro interior no es un llamamiento de socorro sino un grito del alma.

Bueno, hasta ahí todo está bien. Nosotras/os buscamos lo mismo pero ¿Por qué, por qué lo buscamos tan mal?
Seguimos usando rituales de apareamiento arcaicos: «Hola, guapa, ¿vienes mucho por aquí?» «Y a ti qué te importa» Y seguimos escondiéndonos en clichés donde nos encontramos a salvo de agresiones que no vamos a sufrir (os remito al post de un elefante atado a un poste).
A los mismos tipos que me habéis contado que queréis a alguien que «de verdad, de verdad os quiera y os comprenda» os he visto comportándoos como fantasmas de gimnasio, diciendo en voz muy alta que no creéis en el amor, porque suponéis que en el fondo es lo que queremos; a las chicas no nos interesan los hombres «blandos».
Y nosotras ¡por favor! Las noches y los locales están llenos de Barbies tan tan parecidas entre ellas que a menudo al salir del baño nos cuesta encontrarnos entre el tumulto.
Y no hablo solo de vestidos y peinados sino de poses y hasta charlas. Creo que somos mucho más «nosotras» cuando estamos solas, por la mañana tomando un café o tiradas frente al mar. Esos que denominamos «días de chicas» que hacen que hasta casi yo me enamore de estas pedazo de mujeres que me rodean.
¿Y yo? ¿Habré hecho lo mismo? Probablemente.

Pero algo he aprendido… primero lo que no quiero. Inmediatamente después lo que sí quiero. Luego, a no planificar tanto porque las expectativas acaban siendo límites ¡no altos! Sino absurdos y quiero quiero, quiero sorprenderme, que me sorprendan, que me hagan reír, que me aviven las neuronas, que me hagan temblar los pies, que me comprendan y supongo que como soy inevitablemente feliz pero también inevitablemente práctica, ¡prefiero ir al grano!Y me encanta arrancar capas cuanto antes y ver qué se esconde debajo y el modo más corto es llegar desnuda cuanto antes a estos primeros encuentros (casi literalmente, sí).
Ya mi felicitación de Navidad de este año decía algo del estilo: «Mi deseo no es trabajo, riqueza, ni siquiera viajes (con lo que me gustan), lo que de verdad os deseo para este año nuevo es que os amen, que os amen mucho» ¡Y eran verdades como puños!
¿Qué tal lleváis hechos «los deberes»? ¿Amáis y os aman mucho? Yo estoy en ello… Y mientras, ya veis, de bloguera/celestina, a ver si «arrejunto» amigos solteros ¡qué tengo a mi alrededor muy buena gente desperdiciada!

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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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