Las llamadas que se pierden 2


las llamadas que se pierden, otro Post Data

Hablábamos en el aeropuerto, sin saber muy bien si decir adiós o hasta luego. Sin saber si decir no te subas a ese avión. Quédate.

Te dije que me iba porque me habías pedido tiempo y distancia y me cortaste diciendo que no, que nunca jamás querrías distancia entre nosotros.

Nos quedamos los dos en silencio.

Te pregunté bromeando si me ibas a echar de menos y me contestaste que aún no me había ido y ya me estabas echando de menos.

Seguí tratando en vano, de hacerte reír. Te llamé, como siempre, exagerado y te pregunté la diferencia de que estuviera en éste o en otro lado del mundo, si total ya apenas te atrevías a verme.

Me dijiste entonces que era tener mi cara enfrente y te quedabas sin fuerzas. Me dijiste que no tenía ni idea de lo que era verme, amándome; de lo que era escuchar mi voz, amándome.

Y yo podría haberte dicho que no, que no tenía ni idea, pero tampoco tú la tenías de lo que era saber que me amas… y estás con otra. Que nosotros no somos “de esos”. Que por favor, no volvieras a cometer, otra vez más ese error. Que estarías con ella, días o semanas, quizá meses, pero que sabes que en un tiempo no volveremos a nombrarla. Que lograrás que te deje y creerá además, que es idea suya. Que será (ya debe serlo) sólo otra mujer más que te odia. Que no nos valen los “no fui yo, que fue ella”, “que es que tú te vas”. Que no. Que te has vuelto a ir con cualquiera, con cualquiera… Exactamente con la primera persona que ha llamado a tu cuerpo cuando el cuerpo te dolía pidiéndote valor y cordura y no alguien ajeno.

Podría haberte dicho que si me amas, me cuides; que si me amas, hagas caso del amor porque el amor es un regalo… O podría haberte dicho simplemente: YO TAMBIÉN TE AMO, pero… en lugar de eso, te mentí y te dije que todo iba a salir bien cuando sabía que no, que no, que era imposible porque las cosas no “salen”, sino que las hacemos salir y tú estabas yendo en dirección contraria y yo, a punto de subir a un avión…. haciendo exactamente lo mismo.

Podría haberte dicho lo que sabíamos los dos que pasaría: que sin importar que “ya no estoy”, me llamarían quienes te quieren pidiendo socorro. Porque les preocupas (otra vez), me llaman y me piden que te salve ¡no de ella! sino de ti, porque te ven de nuevo en aquella vieja espiral cuesta abajo. Me llaman porque no te reconocen, porque te buscan en mí, porque en ti ya no te encuentran.

Pero todo eso me explotó por dentro y al abrir la boca solamente dije: “Todo va a salir bien.” (Y era mentira), “Te lo prometo.” (Mentí de nuevo).

Y como ninguno fue capaz de decir adiós, como dolía tanto un hasta luego… nos dijimos al unísono: “Cuídate; yo desde aquí, también te cuido. Te querré siempre.” Y apagué el teléfono y comprobé que el destino del vuelo ponía solamente: LEJOS.

Han hecho falta cien días y otro aeropuerto para que vuelva a sentarme con el teléfono en la mano. Cien días para que vuelva a encenderlo y, entre una infinita lista, en primer lugar, me salte una llamada tuya perdida. Y junto a los preciosos nueve dígitos que conforman tu número, los que indican que volviste a llamar, a escasos minutos de que apagara el teléfono. Y la miro y dudo… Y la miro y tiemblo… Y ya no sé si quiero o quieres, si tiene sentido devolver la llamada.

Dime tú (yo no lo sé) ¿adónde van las llamadas que se pierden?


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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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2 Comentarios en “Las llamadas que se pierden

  • Sandra

    Me duele el alma de leerte. La de cosas que perdemos por dejarnos llevar en contra de lo que nos dice el corazón y cuando te das cuenta y las dices ya es tarde.

    • Pilar Ruiz Costa Autor

      O no. De todos modos, solo podemos decir las cosas “cuando te das cuenta”. Y qué suerte “darte cuenta” y sin sopesar si llega tarde o a tiempo, decirlo. Porque es lo que toca.
      En fin. Espero que te duela el alma muy poquito rato. Mis sensiblerías van en todas direcciones. La próxima espero hacerte reír.