Una ladrona de libros


De vez en cuando robo libros. Sé que está muy feo que lo diga, bueno, quiero decir que sé que está muy feo robar, así que no voy a sumar a mi falta una mentira así que, lo confieso: Soy una ladrona, sí, pero sincera.

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Tampoco robo en librerías o bibliotecas, sino que lo hago en estos otros sitios donde el hurto, con mi “habilidad de palabras”, hasta puede llegar a quedar justificado: esos cafés y hoteles, donde los libros se dejan para “un bien común”. Y yo, que nunca jamás me llevaría una toalla o un albornoz, sí, si me ha dejado con ganas de más, si me cuesta desprenderme… Me llevo un libro.

Así, me hice  con el Manual de cómo sobrevivir a una ataque zombie que le rob… ¡quiero decir! Que le regalé a Mario desde Ámsterdam. También así he añadido a mi colección alguna mínima guía de viaje de lugares dispersos del mundo. También otros libros (siempre pequeños) sólo porque están escritos en alfabetos que me maravillan a los ojos ¡A saber lo que dicen! Pero me gusta mirar esos caracteres que me parece que bailan o se escurren como cataratas por las páginas gastadas.

No me exime del delito, pero aún así, dejadme explicaros que regalo muchos más libros de los que vaya a robar en toda la vida y que, además, me halagaría saber que alguien, alguna vez, los roba.

Yo no soy muy de prestar libros. No. Los regalo. Sólo conservo los que me han dedicado, bien el autor, o alguien que, por lo que fuera, decidió regalármelo. De tantas líneas, esa única línea en la página inicial un libro, marca la diferencia de que viva conmigo o no. Si me gustó y te apetece leerlo, me apetece desde ya, regalártelo. Si me gustó (a saber, ¿será acaso porque escribo?) no me importa comprarlo diez veces.

Y de igual modo, los dejo, una vez leídos, dispersos en esas estanterías de cafés y hoteles.

Y hoy, después de tanto tiempo en India, me ha dado por curiosear en la estantería de mi habitación de esta casa y he descubierto dos tesoros: Full empowered, de Pablo Neruda, en castellano e inglés, pero para mi sorpresa, también manuscrito por alguien que vivió aquí antes que yo, en hindi. El otro, Tibetan book of the death, (Libro tibetano de la muerte) que alguna vez había curioseado en librerías en España y que me parece un colofón perfecto a esta visita a la “Ciudad de la Muerte” que es Benarés y que pienso leer en la ruta a mi próximo destino.

Firmado: Una ladrona de libros.


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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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