Cuba: María y Maira


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A María y Maira las conocí en el 92. Madre e hija con 30 y 15 años. Maira era hija del primer marido de María que ahora estaba preso porque lo capturaron cuando intentaba abandonar la isla en un neumático. Por aquel entonces, el malecón era un paisaje devastador de restos de gomas y artilugios destrozados contra las rocas por el impactante oleaje.

Un escalofrío me recorría la espalda preguntándome por los ocupantes, ¿se los tragó el Atlántico? ¿Se los comieron los tiburones? ¿Los detuvieron de por vida?

Así que María se volvió a casar y ahora tenía otro hijo. Nadie duda de que, de saberlo su marido preso, lo entendería perfectamente. Pero María se acostaba con otros dos hombres: con uno por pollo y con otro por azúcar y, a veces, leche.

En el país del azúcar, a pesar de las cartillas de razonamiento, la gente hacía largas colas (poco más para hacer), pero no había, no había.

Tenían derecho a un pollo al año, por Navidad y había un vasito (pequeño, muy pequeño) de leche por cada niño hasta que cumplía los 7 años. Luego ya no más.

Y sí, había educación y hasta sanidad para todos, pero no cualquier educación ni cualquier sanidad y no era gratis. Lo explico luego.

Lo de María en camas ajenas no era un secreto sino contribución al sustento de la familia que cada uno “resuelve”, cómo puede.

Y Maira tenía un novio de 18 años. Por fortuna, una canadiense de 100 kilos se prendó de él y se lo había llevado (e “irse”, uno se podía ir, pero previo pago al estado por toda la educación y sanidad que recibió. Por eso no era gratis. Ni siquiera barato) y me contaban, sin gesto en el rostro, que se iban a casar.

El acuerdo incluía que, con los papeles resueltos, el novio y su legítima esposa, se llevarían a Maira. Y es absurdo tratar de entender “aquí” el amor de cualquier otro sitio.

Desconozco cómo acabó la historia. Si vivieron felices los 3 o quién: si el novio, el país, o la vida la traicionaron. Si la olvidaron como se van olvidando (por aquello de que hay que seguir) a quienes una noche desaparecieron y cruzas los dedos para que estén en una prisión, o en cualquier cama… y no en el océano.


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Pilar Ruiz Costa

Acerca de Pilar Ruiz Costa

Me dedico a la Comunicación y a los eventos desde hace muchos, muchos años. Contadora de historias con todas las herramientas que la tecnología pone a mi alcance.

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